Estamos en plena ola de incendios. Los escritos se prodigan en los medios de comunicación. Llega el tradicional mes de vacaciones, a la espera de que el azar sea más benigno que el presente mes que se cierra.
La superficie quemada en este año, en el anterior y en los que le precedieron nos hace situar este asunto como uno de los grandes problemas de la sociedad. Pero llegará el otoño, el invierno, y quedará en el olvido, al ser la noticia del momento la que ocupe los titulares de los medios.
Tal vez columnistas, redactores y voluntarios, a través de estas cartas, tenemos la posibilidad de ejercer todos los meses del año presión sobre una clase política pasiva, que no combate nada, que solo se dedica a escribir en redes, a insultar en los micrófonos, sin utilizar los recursos humanos y materiales que este Estado tiene a su disposición.
Las fuerzas de seguridad, cuya misión es defender el territorio del invasor... ¿no es el cambio climático un agresor? Los agricultores, que conocen bien el campo, los montes y el hábitat de una extensa parte de esa “España vaciada”, son actores que deberían prevenir los incendios.
La prensa, otrora cuarto poder, tiene que ser el medio que, como “una mosca cojonera”, mes tras mes insista en la creación de un pacto de Estado que hoy se invoca con la boca pequeña.
No podemos esperar a las próximas elecciones para su creación. Sin presión, esta clase política no va a hacer nada, como lo estamos viendo en otros asuntos de gran relevancia.
PEDRO MARÍN USÓN /ZARAGOZA
Enormes abusos religiosos
Acabo de leer en un medio tan solvente como Religión Digital una detallada denuncia de una víctima de los abusos de la secta española de los Kikos, que, al ser aprobada por la Iglesia católica y tolerada por los gobiernos de España en pleno siglo XXI, pone en seria cuestión a ambos. Ya es, pues, hora de que se manifiesten contra en su contra los defensores de los derechos humanos.
MARTÍN SAGRERA CAPDEVILA / MADRID
Árboles, sombras y temperatura
Días pasados, esta rotativa octogenaria informaba de que el consistorio de la capital del Santo Reino plantará, entre septiembre y diciembre, más de 700 árboles. Una excelente noticia cuya finalidad es convertir a Jaén en un espacio urbano más habitable. Es fundamental que en cada alcorque vacío de la ciudad y en las zonas ajardinadas se lleven a cabo este tipo de actuaciones en favor del medio ambiente. Es más que evidente que la arboleda de nuestras calles y parques crea sombras para mitigar las altas temperaturas del verano, llegando a reducir la temperatura entre 5 y 7 grados. Por consiguiente, actúa como un refugio climático. El asfalto, el hormigón, los coches estacionados en la calle y los aparatos de aire acondicionado contribuyen a crear un ambiente insoportable en el entorno urbano. Ojalá que en nuestros pueblos y ciudades de la provincia de Jaén llegue a cumplirse la regla 3:30:300, una regla que viene a decir que, desde la ventana de nuestra vivienda, podamos ver al menos tres árboles; que el barrio donde vivimos tenga, al menos, un 30 % de cobertura vegetal; y, por último, que a 300 metros de la puerta de casa exista un espacio verde.
JUAN LIÉBANA / Jaén