Desde que convocara elecciones, el señor Pedro Sánchez es otro. Todo el día anda riendo y bailando ante los suyos, en lugares a buen recaudo donde nadie le pueda increpar. En vídeos muy bien cuidados, al estilo Tezanos y con una marcha más de la demostrada en ocho años. Una falsa realidad para intentar engañar a los de fuera de su rebaño, porque a sus palmeros los tiene seguros. Ni puede salir a la calle, ni puede visitar Valencia, ni mucho menos pisar Ceuta. El plató de “La Revuelta”, sí. Su discípulo David Broncano lo tuvo entre algodones toda la entrevista. Nuestro paisano de Orcera ya cansa un poquito y veremos a ver la vida televisiva que le queda.
Sánchez es un mago de la demagogia y el más listo de la clase cuando, en su juventud, se llevó a Begoña Díaz aprovechándose de los negocios de Sabiniano, su suegro y explotador en saunas gays y servicios de prostitución. Un expulsado de su propio partido y un tramposo en las primarias que ganó de aquella manera a Susana Díaz. No vamos a recordar otra vez más las corruptelas familiares, de su Gobierno y de su partido en las que anda metido. En ningún país del mundo sobreviviría un político que ofreciera tal currículum. Pero a Pedro Sánchez le da lo mismo. Es una lapa de la Moncloa y capaz de todo por no salir de ese colchón que compró cuando, aun perdiendo las elecciones, se aupó como presidente de España vendiendo su alma al diablo. Ahora, en esta espera electoral, se ha propuesto hacer el ridículo en cada una de sus apariciones. Ridículo que traspasa a María Jesús Montero resucitando a Federico García Lorca en sus mítines de perdedora.
Un presidente que cambia el traje por vaqueros y camisetas publicitarias, exponiendo su jovial vestimenta para estafar a sus votantes. El sátrapa, que, sin tener presupuestos, está repartiendo millones de euros imaginarios para viviendas que nunca construyó. Sin la corbata, se ha convertido en una ONG de ficción, prometiendo beneficios a diestro y siniestro como si no conociéramos el grado de mentiroso y trilero que es capaz de desarrollar.
Un cómico de pobrísimo espectáculo en la televisión del Gobierno. “La fuerza del amor” es el lema elegido en la precampaña. Amor al Guernica en ese miserable vídeo en clave bélica, donde demuestra una vez más su deterioro cognitivo y su falta de sensibilidad democrática. No conoce la sobriedad que se debe imponer en actos políticos o de precampaña, en este caso. Declaración de amor a su esposa, a una supuesta delincuente pendiente de juicio por diversas causas, que saca a la palestra sin ruborizarse para dar una normalidad inexistente en una formación que caerá al precipicio empujada por parte de su gente. Gente sensata y realista que no comulga con semejante personaje, que no con el PSOE. Ese beso tan repetido en redes puede suponer un hasta siempre a la Moncloa o un adiós a Begoña camino de la cárcel. En todo caso, una despedida con sabor a fracaso político y personal.
RAFAEL ORDÓÑEZ MARTÍNEZ