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Beijing, nueva Roma

22-09-2026 / 08:49

El ascenso de Beijing como centro de un orden internacional cada vez más multipolar parece difícil de ignorar. Más de veinte jefes de Estado y de Gobierno visitaron la capital china durante los cinco primeros meses de 2026. Además, las visitas consecutivas de Donald Trump y Vladímir Putin confirmaron la creciente capacidad de China para atraer a dirigentes de bloques y posiciones muy diferentes. La comparación con la antigua Roma resulta inevitable. Al igual que Roma no construyó su imperio únicamente mediante la conquista, sino también a través de sus leyes, sus rutas comerciales y su capacidad para atraer a pueblos diversos, China intenta situarse en el centro de las relaciones internacionales mediante su poder económico, tecnológico y diplomático.

Esta influencia también se refleja en los Brics, un bloque que ya reúne a once países, representa alrededor del 30% del PIB mundial y cerca del 40% en paridad de poder adquisitivo. Su reciente cumbre mostró unidad frente al unilateralismo de Washington y en defensa de una mayor representación del Sur Global, aunque también puso de manifiesto sus divisiones internas.

China parece aprovechar esas contradicciones para presentarse como un pilar de estabilidad y como defensora del multilateralismo. Sin embargo, su liderazgo no está exento de límites: India y Brasil, por ejemplo, rechazaron participar en un ejercicio naval promovido por Beijing bajo la denominación Brics+. ¿Estamos, por tanto, ante la nueva Roma? Quizá aún sea pronto para afirmarlo, pero Beijing ya no llama a las puertas del centro del mundo: está intentando convertirse en su nueva capital. Y los Brics pueden ser uno de los instrumentos para lograrlo.

PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza

Ceuta no está al margen de la ley

Hace 3 días, Feijóo en su deriva racista sostuvo que “esto no es inmigración”, que esas personas “no vienen a buscar trabajo” y que “vienen a enfrentarse contra el orden público constitucional y contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”. Y reclamó “la expulsión inmediata y el retorno de todos”, incluidos los menores. Pero conviene recordarle lo que decía Juan Vivas, presidente de Ceuta, el 29 de julio, el día anterior a la entrada masiva: “Con la legislación en la mano sencillamente no se puede hacer”. Advirtió de que quien devolviera a esas personas estaría incumpliendo la ley y cometiendo un delito. Y explicó que, si un adulto solicita asilo, no puede ser retornado y que los menores están sometidos a garantías nacionales, europeas e internacionales. Por eso, solidaridad con Ceuta no es envolverse en la bandera ni convertir a miles de personas en un bloque sin derechos. Es proteger la frontera, garantizar la seguridad y repartir responsablemente la acogida entre todos.

Quien aspira a la presidencia del Gobierno no debe gritar más fuerte que la ley, sino someterse a su imperio, especialmente cuando es difícil. Romper las reglas del juego no es ejercer autoridad; es caer en una irresponsabilidad temeraria que degrada nuestra propia democracia.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / Madrid