¡Vaya forma
de manipular!

    24 sep 2022 / 13:39 H.
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    Sostiene Ayuso, sin sonrojarse ni un poquitín, que “la bajada de tasas universitarias que ha realizado su Gobierno para el recién inaugurado curso ha permitido ahorrarse una media de 300 euros a los 180.000 estudiantes de universidades públicas”. ¡Toma ya! Pero si fue el PP quien, en la Conferencia General de Política Universitaria, tachó esta bajada impuesta por el Gobierno central de “ataque a la libertad”, votó en contra y la recurrió a los tribunales. Lamentablemente, manipular, desinformar, meter ruido, la sinrazón, el populismo duro y el paroxismo desenfrenado, parecen dar la razón al político de rostro pétreo que miente sin inmutarse porque le da igual quedar en evidencia. Los asesores de Ayuso han calcado el modelo de Trump y truecan el fracaso en éxito. ¡Hala!, a seguir votándoles.

    El Papa nos interroga: ¿Son nuestras actividades económicas expresión de la sencillez evangélica o somos ya empresarios? El Papa se ha referido a la financiación de las actividades económicas de las comunidades religiosas y ha pedido hacerse una pregunta muy necesaria: ¿Cuáles serán las consecuencias para los pobres, para nuestros huéspedes, para la sociedad, para los visitantes que ven nuestra actividad económica? “La actividad económica está al servicio de la misión y de la realización del carisma: nunca es un fin en sí misma, sino que está orientada a un objetivo espiritual. Cuando en una orden religiosa, o en una diócesis, la mentalidad del negocio se impone, la gente se olvida lo que dijo Jesús: No se puede servir a dos señores. “O sirves a Dios, o al dinero”. La idolatría del dinero nos aleja de la verdadera vocación. Ha dejado claro el Papa que “el diablo suele entrar por los bolsillos”. Asimismo, ha instado a preguntarse también por las consecuencias en el medio ambiente de un negocio económico. Referente a la justicia social comenta Francisco: Como empleador, una abadía o monasterio, puede considerar la posibilidad de contratar a personas con dificultades para encontrar trabajo o colaborar con una agencia de empleo social especializada. Así, considera —una sabia apertura— la idea de compartir: bienes culturales, jardines y espacios naturales, que pueden contribuir a dinamizar y a dar una mayor utilidad a unas zonas más amplias. Junto a esta preocupación por la buena gestión, hay que preocuparse: por los que están fuera de la red social, por los marginados, por los de extrema pobreza o por los más frágiles y débiles. Y finalmente, ha indicado que algunas necesidades sólo pueden ser aliviadas a través de la caridad. Caridad que ha definido como el primer paso para una mejor integración en la sociedad: de los menesterosos, de los indefensos, de los aislados. Pero al igual que las comunidades religiosas; las familias, que son pequeñas iglesias domésticas tienen que vivir —en la medida de sus posibilidades— esa pobreza evangélica signo palpable de su unión con Jesucristo. No podemos acostumbrarnos los mayores, ni podemos acostumbrar a los más pequeños, ni a los jóvenes a que gasten a diestro y siniestro. Todos tenemos que saber que los bienes de la tierra son de todos los hombres. Y que nosotros solo somos administradores, de esos bienes que Dios nos da: A través de nuestro trabajo, a través de la familia... Pero siempre administradores. Todos los hombres tienen que beneficiarse de las riquezas de este mundo. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras que vemos las calamidades que existen, teniendo en cuenta además que muchas de ellas son por culpa de una mala distribución de los bienes de esta tierra. Por lo tanto, todos los cristianos debemos de ejercer la caridad, en la medida de nuestras posibilidades. Y no atesorar, mientras que otros pasan calamidades que les llevan incluso a la muerte.

    Es algo que parece increíble, o al menos irónico, que unos anacrónicos políticos que se autodenominan “progresistas”, retrocedan en su ideario a épocas sumamente trasnochadas, en las que eliminar a las personas era algo habitual y que dependía solamente del poder del que lo decidía. Es como si los españoles que estamos tan hartos de los políticos de nuestro gobierno tomáramos la decisión de asesinarlos, seríamos muy progresistas. No se comprende que una mente humana pueda ser tan cruel.

    Cartas de los Lectores