Dignidad

27 mar 2016 / 11:20 H.

Se presenta en la oficina nuestro compañero Nicolás después de varios meses de ausencia por enfermedad y varias intervenciones quirúrgicas y tras los abrazos y felicitaciones nos dice: “Desde que estoy enfermo sé lo que el trabajo me dignifica”. El lunes siguiente, mientras tomo café en el establecimiento de mi primo Juan y salgo a la puerta a echarme un pitillo, se acerca un cliente con la taza en la mano y me pide un cigarro que, sin más, le ofrezco. De nombre Julián y edad rayando los 60, se disculpa por no tener para el cigarrillo del café, el único que se fumaba a diario en sus 30 años de trabajo como Ingeniero Industrial para varias empresas. Cuenta que lleva 6 años en paro, viviendo con 420 euros al mes, harto de buscar alguna ocupación, humillado e impotente al ver que su sabiduría, fruto de tan larga experiencia profesional, no le interesa a nadie y se la llevará a la tumba cuando llegue la hora. Casado y padre, me habla del hijo, también ingeniero industrial, licenciado en otras materias y filólogo de francés, inglés y portugués, que tuvo que emigrar a Inglaterra para trabajar en una pizzería. Se le saltan las lágrimas al decirme que a él, con tanta experiencia, no lo contratan por la edad, mientras que su hijo no encuentra trabajo por falta de experiencia, a pesar del currículum que atesora. Me viene la imagen de otras culturas, cuyos miembros piden consejo a sus ancianos, en los que reside la sabiduría de la comunidad, antes de tomar alguna decisión importante. Sin embargo, Julián es un estorbo en nuestra cruel sociedad, en la que se arrastra sin dignidad, mientras que su hijo ha de emigrar a otro país porque en el nuestro tiene que mendigar un mendrugo de pan. Resuenan en mi cabeza las palabras de Nicolás, “sin trabajo no hay dignidad”, y pienso en los millones de parados de nuestro país; ciudadanos malviviendo en el día a día; huérfanos de las ilusiones y esperanzas perdidas en esta especie de selva, en la que el corrupto y poderoso se “come” al humilde y sencillo. ¡Dignidad, es el interés que demanda el pueblo español y no el que persigue la manada de hienas que quieren gobernarnos!