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HACEMOS GLOBAL LO LOCAL

Algo más que palabras

01-10-2026 / 08:30

Hemos de sentirnos parte de un mundo vivo, que ha de conciliar sus fuerzas avivando el calor de sus propios latidos, con el espíritu solidario como lenguaje a cultivar, rehaciendo vínculos y no simples aglomeraciones de individuos. Sabemos que la tarea no es fácil, pero tampoco imposible, lo que implica retomar otros estilos de vida ponderados y participados. Quizás tengamos que repensar actitudes, retirar muros y abrir horizontes, cuestionando hábitos y privilegios, comenzando por el consumo digital y prosiguiendo con el fin a la pérdida y al desperdicio de alimentos. Asimismo, es el momento en el que hemos de cooperar en favor de un orbe más humanitario, en una época deshumanizadora e inhumana como jamás, facilitando que la ciudadanía que nos rodea pueda vivir con decencia. Ejemplaricemos nuestras actuaciones, seamos coherentes entre lo que decimos y luego hacemos. Por lo demás, estemos siempre en guardia hasta con nosotros mismos, ejercitando el aprender a reprendernos y a desarmarnos, activando el sueño servicial y no la dominación, lo que nos demanda a practicar más el corazón que la coraza. Con este benéfico objetivo, florecerá la vida en sociedad. Subsiguientemente, hagamos el buen propósito de salir del aislamiento, a experimentar el gozo de realizar comunión y comunidad. Además, será saludable darse cuenta, para impulsar el buen tino y un mejor tono, de que todos somos existencialmente necesarios y únicos; lo que requiere atajar problemas tan esenciales como garantizar un planeta con seguridad alimentaria, ahora y en el futuro.

La flojera suele viajar tan lentamente que la indigencia no tarda en alcanzarla. En consecuencia, hoy más que nunca, es necesario adoptar medidas a escala global y local para aprovechar al máximo todo lo que poseemos, incluidos los alimentos que producimos, pero también la riqueza ambiental que nos acompaña. Asociarse como familia sensible, abrirse al mundo como humanidad que se respalda mutuamente, hará que desaparezcan las absurdas contiendas de la faz de la tierra y germinen nuevos aires que reduzcan la pobreza y aumenten la concordia; tras descubrir qué hacer y cómo hacerlo, sumado al deseo de dignificar otras vidas que se mueven en el terreno de la exclusión y el abandono. Al fin y al cabo, uno debe comportarse como quisieran que lo hiciesen con uno.

La bondad como el laboreo de la verdad, aunque nos duela, al fin vence muchos miedos. Con razón, nos faltan pasos, para aprender a caminar. Tengamos tiempo para meditar, es un modo de ponernos a la escucha y de poder liberar nuestros órganos de rutinas desaconsejables o de condicionamientos y formas de pensar que, como grandes montañas, nos enclaustran en el sepulcro del egocentrismo, el materialismo y su ramplonería, la violencia y la superficialidad. De estos sitios debemos huir. Por desgracia, nos acostumbramos a morar y a no vivir, a ser pasivos con la desorientación y a soportar la soledad y la insatisfacción. La mejor sanación es mirarse uno así mismo, para verse desde afuera, seguramente entonces renovemos el entusiasmo del hallazgo con la concurrencia.

Reencontrarse con las raíces de la certeza es avivar el buen tránsito, porque es la respuesta a la necesidad innata de relaciones que tiene cada ser humano. El sabio no atesora, lo comparte y más obtiene para él. Al mismo tiempo, tras el obrar de cada uno, se teje el destino de todos. De este modo, se inmortaliza nuestro quehacer, que ha de ser curar con el amor la llaga del terror vertido, infundir la esperanza de paz, ayudar a resolver tantos conflictos dolorosos, devolver al mundo el reino de la poesía, no el del poder. Todo esto demanda diálogo, concebido en unión y en unidad, sin una regla para los poderosos y otra para los débiles; puesto que, de la indiferencia y de la ignorancia, únicamente puede brotar desconfianza e incluso enemistad. Sin embargo, juntos hallaremos la quietud necesaria.

VÍCTOR CORCOBA HERRERO / Jaén

Mercado o dignidad

La inacción ante la emergencia habitacional es una traición social. Mientras las familias trabajadoras se ahogan con alquileres impagables y precios de compra indecentes, los fondos buitre acaparan impunemente barrios enteros, devorando un derecho básico.

Frente a esta tragedia, las respuestas políticas son radicalmente opuestas. La izquierda ha de aplicar con valentía la Constitución: el artículo 47 proclama el derecho a disfrutar de una vivienda digna y el 128.1 establece que toda la riqueza del país queda subordinada al interés general. No son frases decorativas: son principios que permiten exigir a los poderes públicos que actúen para intervenir un mercado inmobiliario salvaje que tritura vidas. Por el contrario, la derecha rica se arrodilla ante el dogma de la no intervención, bloqueando cualquier intento de regulación y negándose por puro interés crematístico a aplicar las leyes estatales en sus autonomías. Su complicidad con los especuladores es total. Y, para camuflar su desastrosa sumisión al gran capital y desviar el foco, bombardean a diario con el fantasma mediático de la ocupación. El voto es nuestra arma y debe servir de forma rotunda para echar a la derecha de las instituciones y recuperar el bienestar común.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS

Gracias a la vida

Gracias a la vida hoy puedo escribir estas líneas, pero gracias, fundamentalmente, a nuestra sanidad pública puedo seguir viviendo y abrazando a quienes quiero.
MARÍA DEL CARMEN LUZ GARCÍA