Escuchas las redes sociales: revuelta a tope. El cansancio y el hartazgo han llegado, aunque nadie sepa cuánto durarán. Una parte de la sociedad ya no aguanta la situación actual. Se culpa a los inmigrantes, a la carestía de la vivienda, a los bajos salarios y a un nivel de vida que parece inalcanzable para muchos. Las manifestaciones, lejos de ser siempre pacíficas, muestran dureza contra todo lo que simboliza privilegios y alto nivel de vida. Los sindicatos convocan huelgas; la política responde con consignas. Pero hay una pregunta que nadie formula, ni en la calle ni en las redes: ¿alguien está pidiendo una educación de futuro? Su ausencia lo explica casi todo. Mientras unos y otros manipulan el malestar para obtener réditos, nadie se atreve a abordar la causa estructural del problema. En cierta medida, asistimos a escenas del pasado: revueltas alimentadas por la miseria y la falta de oportunidades, sin un proyecto que las transforme. Sin empleos cualificados, sin formación adecuada y sin una educación que prepare para los cambios que ya están aquí, el mantra político seguirá su erre que erre. Porque el problema real de cualquier país no es solo quién gobierna: es que nadie quiere resolver la educación.
PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza
Sobre insultos y bulos
Creo que a todos los españoles nos dolió escuchar el pasado día 21 los insultos que un dignatario extranjero dirigió al Presidente del Gobierno de España, al tiempo que sugería que los servicios que el Estado presta fueran podados con una “motosierra” como la que él usa en su país. Es evidente que desconoce la educación y la diplomacia. Olvidemos al argentino. Esta nota la escribí ayer con la intención de dirigirla a nuestros representantes en el Congreso de los Diputados, el Senado, los Parlamentos Autonómicos, etc., y son personas que emplean palabras y expresiones insultantes y groseras que avergonzarán a nuestros descendientes cuando sepan que en nuestras instituciones se habló así durante algunos años.
MANUEL CAMPOS CARPIO / Torredonjimeno
Milei, mísero Trumpito, en España
El impresentable jefe actual argentino aprovecha la democracia española, —la que él no tolera en su país—, para insultar en clara proyección freudiana, a Sánchez como “impresentable dictador” a “sacar a patadas”. La impunidad de sus insultos estando aquí, es el mayor desmentido a su acusación. Ojalá Argentina y EE UU puedan desprenderse pronto de esos funestos destructores del bienestar de sus pueblos y de sus mejores tradiciones que gocé durante años también en ambos países.
MARTÍN SAGRERA CAPDEVILA / Madrid
La ayuda exterior de Estados Unidos
Es verdad, como denunciaba T. Hayter, que la ayuda internacional ha servido a los intereses imperialistas de EE UU; pero también —como dijo Kennedy en 1961— que, además de expandirla influencia de EE UU, sostenía a “bastantes países que sin ella se habrían hundido definitivamente o pasado al bloque comunista”. Todo tiene su pro y su contra.
JAUME MIT PAU / Barcelona