¿Y qué tal si empezáramos ya arreglar lo de la Lomce?
En pleno mes de escolarización y a punto de acabar el segundo trimestre del curso actual, es momento de detenernos en lo que nos aguarda en el futuro educativo más inmediato. Mientras nuestros políticos de todos los colores siguen haciendo uso de una pasmosa tranquilidad no exenta de razones partidistas, la realidad educativa nos muestra que estamos ante una difícil disyuntiva puesto que la pérdida de la mayoría absoluta del partido gobernante en los últimos cuatro años debe conllevar, si nos atenemos a las declaraciones pre-electorales, a una tajante derogación de la Lomce. La cuestión no es ni mucho menos sencilla puesto que no se trata de una “varita mágica” que dé un giro determinado y fácil de aplicar. Más bien al contrario, resulta todo un “galimatías” que, a modo de un gran laberinto, nos genera una y mil incógnitas o variables a resolver. Si nos atenemos a Secundaria y Bachillerato, la aplicación o no de la Lomce conllevará para el curso próximo unos cambios que no sólo afectan a la denominación de las asignaturas y sería imprescindible conocer como mínimo cuestiones como las siguientes: el itinerario de cuarto de ESO o el de Segundo de Bachillerato; la aplicación de los nuevos programas de Mejora del Aprendizaje y Rendimiento (PMAR) en segundo y tercero de ESO, cómo resolver su no continuidad en cuarto de ESO; la Religión como asignatura optativa en Primero y Segundo de Bachillerato, conjuntamente con Cultura Científica o Ciudadanía, el tratamiento de la Filosofía en segundo de Bachillerato, etc. Y de paso resolver alguna incongruencia tan absurda como la de que no se pueda matricular un alumno en Formación Profesional Básica (FPB) hasta que no haya cursado segundo de la ESO y a pesar de haber cumplido los 15 años, lo que le aboca a un abandono del sistema, justo todo lo contrario de lo que esta medida compensadora pretende. El pasado curso, las modificaciones para la aplicación de la Lomce en la Comunidad Autónoma andaluza nos llegaron en dos tandas sucesivas, en mayo y junio, con notables diferencias entre ambas, lo que hizo que desde los centros docentes contáramos con muy poca capacidad de maniobra para explicar los cambios a la comunidad educativa y que el alumnado pudiera así acertar en su elección. Este año vamos por igual camino, pero con un añadido sangrante: todos sabemos que a la Lomce le queda muy poco recorrido, pero, tristemente, los políticos andan “a lo suyo”, más pendientes de no perder o hipotecar su silla que de resolver cuestiones tan trascendentales como la que nos ocupa y que entendemos debería ser prioritaria junto con otros ámbitos como la Sanidad o los Servicios Sociales. Llegados a este punto, solo se me ocurre una sencilla pregunta, ruego o sugerencia a la “clase política” actual, Gobierno en funciones y parlamentarios de todos los espectros: ¿tan difícil sería sentarse y plantear un acuerdo inmediato que despejara el futuro de la Lomce y que diera “luz” a las comunidades autónomas para un desarrollo adecuado en el tercer trimestre de cara a aplicar las novedades en el curso 2016/17? ¿Acaso no había unanimidad previa respecto a la necesidad de derogar esta ley?Entiendo que igual esta propuesta no arreglaría un pacto global de gobierno pero, cuando menos, contribuiría a solventar ese desgobierno que se aprecia sobre todo en el mundo de la Educación. El problema puede estar en que quienes nos representan en la actualidad no parecen estar por la labor y asisten con una pasmosa tranquilidad a esta función más o menos circense en que se está convirtiendo la política española en los últimos tiempos. ¿Alguien se ha parado a pensar —Ministro del ramo incluido— en el caos que puede acarrear la demora en la derogación de una Lomce que no obedece para nada a las necesidades actuales de nuestro sistema educativo? Como gesto de partida, bastaría con empezar a plantear ya unos acuerdos de bases de todos los partidos políticos y plasmarlos en unas instrucciones del propio Ministerio a las comunidades autónomas, con tiempo suficiente para su extensión a los centros educativos. Pero claro, igual estamos pidiendo demasiado a nuestra clase política actual, más preocupada de un posible adelanto electoral que a más de uno pudiera dejar sin sillón. La pelota está en su tejado.