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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Voto en blanco por dignidad

Más de 50 años ha tenido nuestro patriarcado político para que el Estado del Bienestar no solo fuese alcanzable sino perdurable. Sin embargo lo que vivimos hoy es un retroceso al que no deberíamos haber llegado. Un panorama doloroso: la pobreza ya no nace de la exclusión laboral ni de la falta de empeño, sino de jornadas laborales de cuarenta horas donde el salario ya no es sinónimo de bienestar: apenas cubre alojamiento, alimentación y facturas. En nuestro país, el 55% de la clase trabajadora se concentra en la parte baja salarial y un 11% sigue, pese al esfuerzo, en situación de pobreza. Las decisiones políticas han despojado de dignidad el trabajo al separar salarios y calidad de vida. La periodista estadounidense Bárbara Ehrenreich mostró en Por cuatro duros (2001) que trabajar no garantiza salir de la pobreza, desmontando la idea de que esta sea consecuencia de un fracaso personal. Por otro lado, la premio Nobel de Economía Esther Duflo señala que la pobreza no suele explicarse por falta de esfuerzo, sino por restricciones estructurales y contextuales que pueden corregirse con políticas públicas adecuadas. Por todo ello, hoy invito desde aquí, al voto en blanco como acto de rebeldía.