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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Votar una obligación... o no

Hoy toca votar. Claro, quién quiera votar. Nunca he compartido eso de que si no votas, no puedes luego quejarte. Creo que el que no vota, en muchas ocasiones, es porque ninguna opción de las que se presentan le convencen. Otros dirán que para eso está el voto en blanco o el nulo, pero ahí vienen los “entendidos” para explicarte a quién beneficia o perjudica esos tipos de votos. Tampoco es que las campañas ayuden a decantarse por unos u otros, porque ya, ni en los datos objetivos tales como número de parados, millones gastados en inversiones o recortes en educación o sanidad, coinciden las cifras de los diferentes candidatos. Alguien miente, eso está claro. Y ahí comienza el hastío de muchos que se sienten manipulados por unos cuantos que buscan su voto a costa de falsear datos, porque está claro que si uno dice que ellos crearon 2.000 plazas de docentes y el otro dice que lo que han hecho es destruir 2.000 plazas de docentes, por poner un ejemplo, alguien está faltando a la verdad, y eso, cuando uno ve el panorama, jode al votante. Lo que debería ser un momento especial para los nacidos hace 18 años y pueden ejercer su derecho al voto por vez primera, se va a convertir en un mero trámite sin más, gracias a la clase política que padecemos.