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jueves, 22 agosto 2019
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Juan Espejo González

Vivan los andaluces de Jaén

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Nada como el fuego para reverdecer los buenos hábitos, nada como la leyenda para vivir apasionadamente con aquello que uno se entrega, a lo que uno quiere, con lo que uno disfruta, también con el olor a pólvora. La noche de San Juan y su historia ancestral se adelantó unas horas, se habían congregado gentes que sienten Jaén de forma especial para festejar que hay gente que hace cosas, que las hace sin que se le pidan, que cuando se pone no hay quien la pare. Es gente que busca un sueño y lo persigue con anhelo, es gente que con su trabajo habitual conquista un océano de mejor vida para los demás, gentes que hacen de su chispa alegría compartida o gentes que sin buscarlo se merecen un lugar en la memoria colectiva de esta tierra. Se han entregado los Jiennenses del Año, unos premios que nacieron en 1984 y que son algo más que unos galardones al uso.

No importa quien los promueva, ahí están desde hace 35 años, y su grandeza se la da la propia sociedad. Es por historia y también por compromiso que los Jiennenses del Año que alienta este periódico hayan llegado donde han llegado. No podría ser de otra forma cuando es un jurado paritario, representativo de una sociedad plural, formado por personas elegidas democráticamente en sus diferentes colectivos y con la provincia y sus ciudades como elemento vertebrador quien decida a quién hay que aplaudir. Semejante responsabilidad, semejante ejercicio de debate y reflexión en común es algo muy gratificante para quienes participan en las deliberaciones del jurado y lo es mucho más cuando llega el gran día. Un día maravilloso donde se concentra el todo Jaén para decir a lo cuatro vientos que somos especiales. Una sociedad que grita y se mueve, está viva, muy viva; una sociedad que reconoce los méritos del prójimo es la savia que riega el presente y el futuro de los pueblos. Gritar un apasionado ‘vivan los andaluces de Jaén’ es una liberación mayúscula que condensa la carga de autoestima que genera la comprobación de cuanta gente buena hay a nuestro alrededor.