Hace una semana, tuve el privilegio de recorrer la ciudad de Cástulo de la mano de Marcelo Castro, sin duda, el mejor de los guías. Su relato nos permitió desenterrar las capas de un pasado donde el tiempo parece detenerse. Cástulo no es solo una zona arqueológica; es un palimpsesto de la humanidad. En su vasta superficie se solapan necrópolis, factorías e infraestructuras que narran una secuencia estratigráfica excepcional: desde la Prehistoria hasta la Baja Edad Media. Sin embargo, lo que hace de este lugar un enclave singular para explicar la Historia de Andalucía es su capacidad de conservar la integridad de quienes lo habitaron. Al caminar entre sus piedras, es imposible no reflexionar sobre la coexistencia de culturas en Andalucía. Cástulo nos recuerda que la convivencia entre seres humanos de diferentes razas y creencias no solo fue posible, sino que fue la base de nuestra riqueza patrimonial. En los tiempos que corren, este rastro de tolerancia y coexistencia es una lección necesaria: el respeto mutuo es el único cimiento capaz de resistir el paso de los siglos.