Vamos a contar mentiras” es una obra de teatro cómica escrita por Alfonso Paso en 1961 y es una comedia de enredo sobre una mujer que inventa historias increíbles y muestra los líos graciosos que esto provoca con su marido. También es el título de la clásica canción infantil con ritmo alegre y repetitivo. Su letra menciona situaciones absurdas e imposibles como liebres corriendo por el mar o sardinas en el monte. A mí ambas se me vienen a la cabeza siempre que en los medios de comunicación escucho o leo a algún economista clásico o liberal soltando mentiras con ingenio y con maña, con cierto nivel de disimulo, acompañando sus argumentos y proposiciones con unas cifras, cantidades, porcentajes y unos tantos por ciento que no buscan más que nuestra aceptación disciplinada. Con todas esas retahílas de cifras, más o menos ciertas, buscan que percibamos sus sugerencias, u órdenes, como algo nada arbitrario y muy racional, intentan hacérnoslas más aceptables. Les dan a sus argumentos con estos datos numéricos un deje de neutralidad, de verdad, de rigor que facilita nuestra aceptación. Desde nuestra más tierna infancia se nos enseña que tras los números hay ciencia y autoridad y así socializamos y recibimos argumentos que nos parecen más fiables y asumibles. Luego vienen las sardinas por el monte, los ciruelos cargaditos de manzanas de los que caen avellanas y cosas por el estilo. También vienen líos, nada graciosos, porque los embustes y las trampas con las que justifican políticas económicas no son intranscendentes, sino que provocan mucho sufrimiento y hasta la muerte de millones de personas. Como cuando nos hablan de que debemos entender que los países de la OTAN necesitan dedicar un 5% de su PIB a gastos de guerra. Es algo que no tiene ningún fundamento y que solo responde a decisiones caprichosas e irracionales y sin justificación económica alguna. La República Checa no tiene costas que proteger, como España, y no necesita una armada. ¿Los dos deben gastar el 5%? En este caso en concreto de la OTAN es de alabar la postura de Pedro Sánchez cuando se opuso con congruencia y entereza al capricho de los autócratas. Las sardinas también van por el monte al igual que la tasa natural de paro influye en los precios. Ni es natural, como dicen, ni hay correlación estable entre empleo e inflación, la experiencia empírica no dice eso, lo que sí dice es que presentar ese supuesto tanto por ciento natural de paro es muy útil para aquellos a los que les beneficia mantener los salarios bajos y unas condiciones de trabajo abusivas, mientras se desentienden de la lucha contra el paro. Las liebres corren por el mar cuando un presidente de la República Francesa se sacó de la manga que todos los países europeos debían establecer el límite del déficit presupuestario en un 3% del PIB. Otra mentira presentada en forma de números y porcentaje por los gobiernos neoliberales y sus economistas voceros para que todos aceptemos la política de desmantelamiento del Estado de Bienestar que llevan a cabo desde finales del siglo pasado. Nos quieren convencer de que los ciruelos dan manzanas cuando nos dicen que hay que hacer grandes recortes del gasto social para reducir la deuda. Esta excusa y mentira ha servido para hacernos aceptar estos recortes y para legitimar las políticas de austeridad que interesaron para rescatar a los grandes bancos que provocaron la crisis en el 2007. De los ciruelos caen avellanas como cuando se nos dice que los bancos centrales tienen la obligación de hacer todo lo posible para que la inflación no supere la cifra del 2%. Es una invención y un cuento y una mentira como la de la canción infantil que lo único que persigue es hacernos creer que estas instituciones toman exclusivamente decisiones técnicas u objetivas y que no son decisiones políticas, que es lo que en realidad son. Los números tienen esta capacidad de persuasión y lo saben los economistas que justifican las políticas económicas dominantes con sus falsas propuestas y justificaciones cuando en realidad saben que al aplicarlas perjudican a la mayoría de la sociedad.