Estamos viendo en televisión una publicidad dedicada a visibilizar a las personas con síndrome de Down. Me parece perfecto y me alegro de que una de las formas en que se demuestra que nuestra sociedad ha avanzado, haya sido poniendo en valor, respetando y ayudando a cada uno según sus necesidades. Dicho esto, quiero recordar especialmente a una alumna que, cuando nació, todavía no había llegado a los pueblos la información de que el síndrome de Down es una alteración genética causada por la presencia de una copia del cromosoma 21. A ella sencillamente “le habían hecho daño al nacer”. Fue durante muchos años una alumna más entre sus compañeros. Llevaba una pequeña cartera y un cuaderno tamaño cuartilla, donde colocaba una cruz y un círculo en perfecto orden y limpieza. Dato curioso es que iba diariamente a misa y como durante un tiempo hubo que impartir algunas clases por la tarde, dando el primer toque se levantaba, venía a mi mesa y me indicaba santiguándose, que ella se iba porque ya estaban tocando las campanas. ¡Era inexplicable! Cómo debía de tener interiorizadas sus costumbres para comportarse como si escuchara perfectamente. Fue querida y por todos. Nunca dejó de ser una niña.