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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Un policía ejemplar

El uniforme no convierte a nadie en infalible. La inmensa mayoría de los policías desempeñan su trabajo con profesionalidad, prudencia y respeto a la ley. Precisamente por eso, cuando una actuación se aleja de esos valores, no debería preocuparnos señalarla, sino normalizarla. La autoridad no se fortalece ocultando los errores. Se fortalece reconociéndolos, corrigiéndolos y aprendiendo de ellos. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad están sometidos a principios que no son negociables: legalidad, proporcionalidad, congruencia y oportunidad. Son los pilares que distinguen el uso legítimo de la fuerza del abuso. Criticar una actuación concreta no significa atacar a toda una institución. Del mismo modo que reconocer un error no empaña el trabajo ejemplar de miles de profesionales que cada día sirven a la ciudadanía con honestidad. La confianza de la sociedad no nace del miedo ni de la obediencia ciega. Nace de la ejemplaridad. Y la ejemplaridad comienza cuando somos capaces de exigirnos a nosotros mismos los mismos principios que estamos llamados a proteger. La credibilidad de una institución no se mide por su capacidad para ocultar los errores, sino por el valor de corregirlos.