Un mal endémico
Pasan los años, pasan las diferentes generaciones y la sombra de la corrupción siempre está presente. Y da igual el color del partido o su ideología. Los juzgados se encuentran atestados de casos que implican, en cierta medida, a dirigentes de la clase política o personas cercanas. Todavía se recuerda esa trama Gürtel y los trajes por doquier o esas grandes mariscadas —por decir algo— en casetas de la Feria de Abril de Sevilla que alumbraron el caso de los ERE. Siempre hablando desde la presunción de inocencia, la población española ve ahora las investigaciones sobre Begoña Gómez o la pareja de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González. La sombra siempre está ahí, como una calma tensa, para cuando salta otro nuevo caso a la palestra pública, la guerra del “y tú más” estalla. Y mientras tanto, la ciudadanía se ve sola ante sus problemas diarios. Un ejemplo claro es la recién aprobada Ley ELA. Tres largos años de inoperancia para familias y afectados. Ya lo dijo Juan Carlos Unzué durante una de las comisiones para abordar esta ley ante la presencia de sólo siete diputados en la sala: “Tendrán muchas cosas que hacer”.