Un hombre de bien

    25 may 2022 / 16:18 H.
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    El servicio a la profesión en sus instituciones me ha dado ocasión de tratar a personas excepcionales; en el CGA y treinta años en la entidad de previsión tuve la suerte de conocer a César Torres Díaz, gallego excepcional, de corazón partido entre las brumas atlánticas y la luz mediterránea de San José. Coincidimos de decanos y jueves a jueves, hasta hace poco, en la Mutualidad. Su amistad y confianza son un regalo impagable; era un hombre recio, cristiano ejemplar; jurista hondo y perspicaz que atesoraba grandes virtudes. Con su trabajo creó un buen despacho en Coruña, sirvió un gran decanato y ha sido un probo empresario cultivador de turismo sostenible. Guardo de él como oro en paño años de experiencias compartidas, conversaciones jugosas y profundos consejos y confidencias. Desde Almería, tras una breve enfermedad, se ha marchado a la casa del Padre, después de una fecunda y activa madurez; nunca fue viejo. Los suyos han sembrado su cuerpo en un camposanto recoleto, en pleno Cabo de Gata, junto a su tía que lo atendió de niño y ahora lo vuelve a acoger en la tierra que tanto amó; en las mañanas soleadas de enero podrá escuchar junto al rumor de las olas, el canto de las perdices.

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