Un cristal clavado

04 feb 2020 / 08:40 H.
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Convivir con un cristal dentro de ti es una situación que temes y tratas de evitar. Cuando no es fácil su extracción aprendes a convivir pensando que solo es un mal menor. Te puede dañar y te adaptas a él para que no ocurra. El peligro seguirá presente. Así ha vivido mi amigo Jaime, excelente músico y genio creativo, hasta que se lo han logrado extraer”. Lo tenía presente siempre, delante de las narices”, me comentaba. Me recordó un artículo con igual título que Orwell publicó en 1946: “Delante de las narices”. Planteaba las contradicciones que presentaba la sociedad inglesa un tanto esquizofrénica al pensar, prácticamente toda la población, una cosa y la contraria. A favor de plantar cara a Alemania a la vez que en contra de poseer el armamento necesario para tal fin. Un retrato de nuestra actualidad. Vivimos en el contexto europeo, en una esquina del mundo. Se nos exige el retroceso del Estado de bienestar, anulando los consensos y el reconocimiento de que los derechos dejen de ser los objetivos para poder seguir siendo actores internacionales que generen riqueza. Se olvida el pacto de la democracia cristiana con la socialdemocracia, asumiendo la política “ultraliberal”. El concepto liberal y libertad no siempre están relacionados. Nos muestran lo liberal como la posibilidad de ser tú, de hacerte a ti mismo, sin depender, ni que nadie tenga que depender de ti. “Cualquier persona puede participar en cualquier acto que desee, siempre y cuando lo haga con los bienes que legítimamente le pertenecen y no violen el principio de no agresión”, como define Block. Especular para abaratar los precios es una agresión. Todas las personas estamos siendo agresoras. Desconectamos moralmente la acción de nuestras ideas, una cosa y la contraria. Desde nuestra actitud consumista a la incapacidad del productor para no favorecer una comercializadora local. En este punto estamos. Creemos las bondades del libre comercio, firmando tratados opacos a la ciudadanía, alabando nuestra capacidad exportadora a nivel empresarial y el consumo barato logrado a título individual. No conozco a nadie que no haya apoyado la movilización de los olivareros. La mayoría de las personas que los apoyan consumen en las grandes superficies que especulan y maltratan al productor. O contribuyen cotidianamente al cambio climático que empobrece el campo. Si les dan la opción, contemplan eliminar superficie cultivable. Y sobre todo, consumen barato sin ver la procedencia y quien está detrás del artículo. Eres un estúpida “bolivariana” si optas por el comercio justo, por entender que las cosas han de tener un valor. El precio real que permite vivir a quien lo produce. No hablamos de una tribu del Amazonas, sino del vecino que dedica más de catorce horas a mimar su producción. Como solución a la desconexión moral individual desplazamos la responsabilidad al gobierno de España, convocando la mesa de diálogo, cuando este solo puede seguir las directrices y acuerdos de libre comercio impuestos por los grupos ideológicos votados en Europa. En cambio, no vemos que somos responsables de materializar la injusticia. Con el voto y con el modo de consumir facilitamos esta economía. Tenemos un cristal clavado, el individualismo. Una ceguera liberal que impide desclavarlo. Habrá que buscar el modo de sacarlo y dejar de quejarnos de la inseguridad que tenemos al convivir con él.

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