Cuando Mark Fisher escribió sobre la responsabilización se refería, directamente, a los falsos culpables. El esclavo no goza del derecho divino de la manera en la que el egipcio, directamente, sólo recibía un alma cuando moría. En una sociedad donde el trabajo precario rivaliza con la alta calidad de vida, somos libres para morirnos de hambre y, ni aún allí, evitaremos la culpa protestante de no haber sido suficientes, como un tallo que no ha tenido la dignidad de ser segado con un hacha. Cuando en muchas ciudades se destina más del 60% del sueldo a pagar una vivienda, la respuesta injusta sería pensar que hay que respetar el derecho de propiedad del que renta. Aunque tu familia sea la dueña del puente el río no te pertenece, la gestión de una necesidad no debería responder a diversos intereses especulativos porque no permite elección. El día no tiene más horas por lo que la existencia de un desequilibrio entre el gran tenedor y el arrendatario no obedece más que a condiciones materiales, una súper estructura ideológica donde los medios de producción, y ahora las necesidades básicas, están en manos de los que llevan acumulando no riqueza, sino poder durante muchos siglos.