Hay noticias que acaparan titulares un día sí y el otro también durante semanas e, incluso, meses. Sin embargo, hay otras que pasan prácticamente desapercibidas y que apenas son merecedoras de un comentario de pasada o de una pequeña reseña en páginas interiores, pero nada de portada ni titulares a dos o tres columnas. Obviamente, el trato diferenciado es consecuencia de la relevancia que los diferentes medios de comunicación dan a la noticia en cuestión. Como el lector ya habrá deducido —tras leer el titular—, me estoy refiriendo al posible yacimiento de tierras raras que una empresa australiana confirma haber encontrado en la provincia de Jaén. ¡Anda ya!; ¡Eso es imposible!; ¡A otros con ese cuento de hadas!; ¡En Jaén siempre nos es esquiva la suerte! Vale, aquí somos muy escépticos tras demasiados decenios de olvido, irrelevancia, ninguneo y un profundo sentimiento de indefensión aprendida, que es un estado psicológico en el que una persona —en nuestro caso toda una provincia— aprende a comportarse pasivamente tras sufrir situaciones adversas reiteradas. Parafraseando al humorista José Mota diría: “Si ya sé que no... pero y si sí, y si sí... ahí lo dejo”.
Por si acaso, veamos muy esquemáticamente lo que son las tierras raras y su utilidad industrial y tecnológica en la actualidad. Pues bien, las tierras raras son un grupo de diecisiete elementos químicos: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, escandio e itrio (después de leídos se pueden borrar del disco duro de la memoria). Lo más importante es su utilidad en las energías renovables —imanes de alto rendimiento para turbinas eólicas y motores eficientes—, electrónica avanzada —pantallas, baterías y altavoces—, vehículos eléctricos —imanes para sus motores y baterías más potentes y ligeras—, industria aeroespacial y de defensa —materiales ligeros y resistentes para aeronaves, misiles y sistemas guiados—, tecnología médica —equipos de diagnóstico por imagen, láseres y tratamientos avanzados—, comunicaciones —fibra óptica, dispositivos de alta precisión—, etcétera. No cabe duda de que se trata de un recurso estratégico del que disponen muy pocos países y que es clave para el futuro tecnológico y la transición energética. En definitiva, las tierras raras son la base de un futuro más limpio, conectado e innovador. Hasta ahora, cuando oíamos hablar de tierras raras siempre nos venía a la mente China —el mayor productor mundial— y, últimamente, Groenlandia, la gran isla danesa en la que tanto interés —por su compra o, incluso, su ocupación— tenía Trump antes de ocuparse de Venezuela, Irán y Cuba. Digo yo que, a lo mejor, la noticia de las tierras raras de Jaén ha pasado desapercibida para evitar que el “imperialista” se fije en nosotros y quiera ocupar Jaén, destituir a nuestros actuales “mandamases” y poner a sus acólitos. Centrándonos en Jaén, digamos que la empresa australiana Osmond Resources —que venga de las antípodas ya me da una inicial garantía—, lleva varios meses trabajando en el Proyecto Orión de Minerales Críticos de la Unión Europea, que es una concesión para actuar en algo más de 220 kilómetros cuadrados repartidos en los municipios jiennenses de Aldeaquemada, Santisteban del Puerto, Castellar y Montizón. El proyecto busca la producción de concentrados de tierras raras a partir de monacita, un fosfato que contiene neodimio, praseodimio y disprosio —tres de los diecisiete que les refería antes—, que son esenciales para muchas aplicaciones tecnológicas avanzadas, como ya ha quedado señalado. Vista la potencial viabilidad del proyecto jiennense, la australiana Osmond Resources ha cerrado un acuerdo con Técnicas Reunidas —empresa de ingeniería con amplia experiencia en el sector energético— para desarrollar el Proyecto Orión. Hay que decir que los primeros ensayos metalúrgicos han sido positivos, de forma que durante los próximos meses —siempre que los movimientos ecologistas no lo impidan— sabremos si en Jaén está el mayor yacimiento de tierras raras de Europa. ¡Ahí es nada!; ¡Y si sí!