Temblando de respeto

    19 abr 2026 / 13:21 H.
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    El presidente de EE UU de América nos ha vendido el viaje a la cara oculta de la Luna, como si fuera un hito histórico de avance para la humanidad el descubrir qué hay en ella. A propósito, estos días escuchaba una entrevista de radio en la que un astrofísico del observatorio de Canarias declaraba que la cara oculta de la Luna ya estaba vista, incluso desde mucho más cerca, con la diferencia de que ahora la nave era tripulada. Sin comentarios. La Luna solo es, ni más ni menos, para lo que la creó Dios, “la lumbrera menor” que ilumina la noche (Génesis 1, 16). Qué pretende el ser humano con su mirada hacia el cielo, con mirar o llegar a Marte o a Saturno o más allá. Lo único que el ser humano puede y en mi humilde opinión debe hacer al respecto, es recordar cuando mira al cielo y a las estrellas aquello que escribía el profeta Baruc en uno de los Libros del Antiguo Testamento, que Dios, Creador de todas las cosas, llama a la luz y por su nombre a las estrellas y acuden en el acto temblando de respeto (lo podría hacer). Hemos estado creyendo eso dos mil años. Pero ahora Dios nos creemos nosotros, en un alarde, visto lo dicho, de insensatez y despropósito que no nos llevará a nada bueno.

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