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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Sueños de primavera

Con sabores de pino, de lavanda, de encinares... Senderos donde las amapolas pintan de rojo el campo, el romero exhala cantando su canción con maestría, eleva su mirada hacia el atardecer donde suspira. Déjame contemplar tu melodía, ese acento que tu dulzura embriaga los sentidos y se vuelve silencio, cuando la noche asoma su faz de luna o su sombra callada. Sueños de los que pasan por caminos de gracia y de alegría, donde un verso se hace canto. Donde una estrella brilla diferente, titilando un nuevo sentimiento, que siempre nace con diversos destellos, latidos armoniosos, pasos que no se cansan dejando huellas no sólo de pisadas, también de corazones, que se vuelven poetas. Dejando que se escapen por las rendijas del alma emociones que surgen en espacios de luz, facilitando que la esperanza brille con su fulgor más puro y más directo. Sueños donde el viejo astro rey arde con fuerza, reluce y centellea en el azul y pinta el amarillo de sus manos a las claras estrellas y se deja arrullar en el quieto horizonte y calándose en él se duerme mientras sus tonalidades van estampándose en el cielo. Sueños de primavera con sonidos del alba, antes que la aurora despierte a la mañana, esos acordes dulces y a la vez sonorosos para que el desvelo del sueño sea más delicado.

Ay, qué verso callado nace entre las notas de una flauta sensible, de un discreto rataplán de amanecida, de un tantarán que deja sus compases ordenados, sonoros y en armónico acento, ambos instrumentos despejan y despabilan el sueño de la noche. Es como abrir los ojos y sentir ese suave latir que sabe a alborada de perfumes agrestes, de sonidos que entona la naturaleza cuando la primavera cruza el umbral y se tiende sobre la tierra. Déjame deleitarme en tus colores, oh primavera inquieta, para poder seguir soñando con huellas invisibles que apenas han hollado la arena del camino. Déjame recorrer la alfombra que, como el incienso, consigue una nube inmensa de marrones y anaranjadas tonalidades. Y llegar a la meta de un sueño de caminos, de anhelos sostenidos, y poder experimentar ese poema que el corazón ansía. Para percibir las emociones que pueden plasmarse en el alma cuando en el interior hay un nombre que brilla diferente y nunca apagará su voz ni su latido.