Permítame. Recuérdenos lo que es el orden de la caridad, que comienza primero con nuestros familiares y amigos, después con nuestros compatriotas, y después con los extranjeros y los inmigrantes a los que todos estamos obligados por su dignidad humana, cómo no, si el Señor vino a amparar al pobre. Pero recuérdenoslo, porque, si no, parece que apoya ideologías contrarias a la Ley de Dios; recuérdenos que ésta es la doctrina de Cristo expresada por Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica y antes por San Pablo. Y recuérdenos también que los Diez Mandamientos son de obligado cumplimiento (no mentir, no robar, no ser adúltero, etc.) porque son la Ley de Dios y todos nos tenemos que morir y dar cuentas de ellos. Y también recuérdenos que no es verdad que la misericordia de Dios se alcance sin arrepentimiento en el confesionario, como afirmaba el hereje Lutero. Y tampoco olvide, para que nos corrijamos, decirnos que nuestros males y enfermedades son consecuencia de nuestros pecados (1.472 Catecismo), como dejó Jesucristo claro en su Nuevo Testamento: “Anda, no peques más, no vaya a ser que te suceda algo peor”. Recuérdenos que la felicidad del hombre se encuentra en Colosenses 1, 9-11. Muchas gracias.