Voy camino Soria, ¿tú hacia dónde vas? / Allí me encuentro en la gloria que no sentí jamás / Voy camino Soria, quiero descansar / Borrando de mi memoria traiciones y demás. Estoy seguro de que usted no sólo ha leído los versos anteriores, sino que los ha cantado. Se trata de la canción Camino Soria (1987), de Gabinete Caligari, que se convirtió en una marca emocional para toda la provincia y, quizás, la mejor promoción que ha tenido nunca, puesto que la convirtió en un destino turístico para miles de personas que, antes, apenas sabían situarla en el mapa. Este verano, por fin, he visitado la ciudad castellana donde Antonio Machado se enamoró, se casó y quedó viudo en un lapso de 5 años, para recalar a continuación en Baeza. Por supuesto, aproveché para visitar la tumba de Leonor Izquierdo, su joven esposa fallecida.
Hacía tiempo que me apetecía visitar Soria. Pequeña, muy cómoda para pasear, con un centro histórico peatonal, la hermosa Alameda de Cervantes y un encantador paseo a orillas del Duero, en la parte baja de la ciudad. Todo me gustó, y algunas cosas me recordaron a nuestra ciudad, a nuestra provincia. No los monumentos ni el paisaje, diferentes a nuestro entorno, sino aspectos sociales: vi una población bastante envejecida frente a numerosos jóvenes de origen inmigrante dedicados a empleos del sector servicios, sobre todo hostelería y cuidado de personas mayores. Vi pequeños pueblos afectados por la despoblación y la huida de la gente joven. Si bien con menor gravedad, en Jaén llevamos tiempo perdiendo habitantes en todos los municipios.
En la provincia disfrutamos, también, de turismo de carácter cultural (Baeza, Úbeda, Sabiote, Jaén, Baños de la Encina...), natural (sierra de Cazorla, Segura y las Villas) y, en los últimos años, gastronómico (restaurantes con estrellas Michelin, un imán para un tipo de público sibarita y gourmet), sin embargo, aun siendo el principal centro mundial de producción de aceite de oliva, no termina de despegar el “oleoturismo”. En el mismo viaje, también visité Burdeos, en el suroeste de Francia. Elegante, cosmopolita y una de las regiones vinícolas más importantes del mundo. Cuenta con unas 110.000 hectáreas de viñedo y produce entre 4 y 5 millones de hectolitros al año. Como centro turístico, se puede visitar la “Ciudad del vino”, un museo y centro cultural dedicado al vino, a su historia, con catas y talleres. Ofrece vistas panorámicas de la ciudad y una arquitectura moderna. No hay turista que visite Burdeos o su región que no acuda a esta instalación. En Jaén, contamos con 589.000 hectáreas de olivar y una producción anual cercana a las 445.000 toneladas, pero, ¿dónde se encuentra la “Ciudad del Aceite”? ¿A qué lugar pueden acudir los turistas para conocer la historia del oro líquido, sus variedades, el modo de producción? Hay almazaras visitables, pero quizás nos falta un gran centro del aceite de oliva para apuntalar la gran labor de difusión de nuestro símbolo gastronómico que vienen haciendo instituciones y jiennenses de pro, como Emilio Lara con su imprescindible ensayo Un mar de oro verde.
Soria y Jaén, cargadas de historia, no pueden quedar vacías de futuro. Burdeos es un modelo posible. Nos toca decidir