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lunes, 19 agosto 2019
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URGENTE
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Javier Laplana

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Hubo un tiempo que había un movimiento cultural en contra del consumo incontrolado e innecesario, motivado por la filosofía hippie. Al final se impuso sin ningún esfuerzo la sociedad de consumo. Hay que producir bienes y consumirlos, sean necesarios o no. Hoy en día sigue en vigor, tal que el éxito de un país se mide por los bienes y servicios que produce, lo que llamamos el PIB, eso sí, tiene que haber un pago y un cobro entre el que produce y el que recibe. Si tú cuidas a tus mayores en tu casa, no suma en el PIB, si pagas para que lo cuiden, sí suma. Es decir, el PIB no es por sí solo representativo del bienestar de todos los ciudadanos de un país, hace falta una política fiscal, laboral, medioambiental y cultural adecuadas para que parte del valor producido revierta en toda la ciudadanía. Desde la última crisis, el sistema corre peligro por la implantación de una política económica que premia la avaricia acaparadora y antisolidaria de unos pocos en contraposición de la mayoría. Los nuevos ricos no suelen ser por el resultado del lanzamiento de un producto innovador sino de empobrecer a miles de trabajadores y por tanto de disminuir el consumo.