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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Siempre al quite

Dicen que un truco para escribir es fijarse en aquellos instantes en que pierdes el aliento ¡oh! te que quitan el hipo. Empiezo mi lista no fija: ¿Quién colorea el cielo todos los días? ¿Quién desordena las nubes? ¿Porqué un chicle azul oscuro abre mis vías respiratorias? ¡Qué alegría! Ver en el riachuelo a la pata como le siguen ocho patitos pequeñitos. Los motes de pueblo: al que llaman tres botones, por vestir con camisas legionarias. El autobús cuando aparece antes. Leer una gran frase en un sobre de azúcar. Cuando antes no había móviles, en las sobremesas, los niños nos entreteníamos haciendo estructuras con los palillos mondadientes, quemando el extremo para que saltara por los aires. Quitar letras de papel de la servilleta: “gracias por su visita” (no hace falta que desvele el resultado). Las latas vacías pisadas se convertían en zapatos de tacón silenciosísimos. La caída de la deposición de un pájaro en tu testa. Descubrir aún coches con la matrícula cuya letra inicial es la jota. Mola fijarse en el quita y pon del hipo porque viene y interrumpe la vida. Toma el protagonismo. Ahora después de estas fijaciones, ya se puede escribir...