Si tú supieras Manolo Nieto...
Manuel Nieto Jiménez fue un personaje clave para entender la idiosincrasia de la capital jiennnense >> Formaba parte de esa corta pero subrayable familia de los ‘versos sueltos’ que cantan las cuarenta a quien se precie >> En la memoria siempre
Si tú supieras Manolo Nieto, si tú supieras... Tienes un amigo multimillonario, sí Nieto. A cariño os salía a empatar, a locura te ganaba y a música, uf, a música no sé qué decirte, así, así, aunque refunfuñes y me mires aspirando el Ducados hasta las entrañas. Esa es la crónica despampanante de este año sexto de tu ida, inimaginable para gente incrédula con el azar como tú y como yo, hasta que pasa. Y qué cosas, Nieto, es una noticia que no hemos podido dar, bueno sí, la noticia sí, una millonada de euros que cayeron en Jaén y se fueron a bolsillo conocido; pidió anonimato pero para ti nunca fue anónimo, ni para el casco antiguo, ni para la Catedral y sus callejuelas que tanto habéis transitado juntos. Qué pasaría ahora, un rico súper rico y un tieso más que tieso como tú saboreando un güisqui y debatiendo de la vida con Sinatra de fondo. No me hago a la idea de esa placidez, pelea de la buena seguro conociéndoos a los dos. Ay, Manolo Nieto, si tú supieras lo que te seguimos echando de menos, no te habrías ido de nuestra vera, joío. Con la de cosas que hay que criticar y lo poquito que se hace por miedo, por pudor o por no señalarse, Jaén es menos libre sin una mente libre como la tuya, sin una persona condenadamente libre como eras tú. Con la de cosas que hay que hacer porque casi nunca se hizo ninguna, Jaén se perdió para siempre tu valentía y tu denuncia; injusticias las hay y las habrá, pero sin tu inconformismo y radicalidad algunos seríamos más cómodos y más aborregados. Al menos eso nos queda, además de tu memoria, que solo desaparecen quienes se olvidan. Y lo digo, otra vez en público, me lo permiten mis queridos lectores, sabedores de que cada septiembre, emocionado, elevo la mirada al cielo para divisar a un no creyente como tú. Creías en las personas, no más; creías en la vida, no menos; creías fielmente en el valor de la palabra y la charla a pecho descubierto, la música era el alma de tus versos, con el flamenco como filosofía existencial, directa y jonda, profunda y certera. Seguro que allá donde habite tu aura huele a libros y a poesía, acá donde los mortales, brindamos por la verdadera fortuna, la de haberte conocido y disfrutado.