Si marzo mojado, olivar salvado

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Así reza el refranero español. Y todos los refranes son ciertos. Sacados de la sapiencia del pueblo llano, la experiencia es un grado y está latente siempre, las costumbres de sus gentes y trajines del día a día del pueblo luchador. Con todas sus cargas de ingenuidades, Jaén depende de su olivar como ciudad pequeña y laboriosa. Le sobra buena fe, puede decirse que la lleva por bandera. Jaén, con su inmenso olivar, es provincia agrícola por sus cuatro puntos cardinales y presume de convivencia. Griegos y fenicios plantaron estas tierras de olivos. Todo pasa y todo llega. El embrollo de ciudades populosas y delictivas afortunadamente no lo tenemos aquí. La llaneza y genialidad del pueblo sencillo se encuentra mucho en Jaén y toda su extensa provincia. Lo que si tiene quizás por costumbre es mirar al cielo, esto lo tienen los pueblos agrícolas y Jaén lleva consigo el no haberse apeado de esta costumbre. No tenemos ningún problema. Al ser capital mundial del aceite de oliva es un orgullo muy enriquecedor. Es como llevar una medalla sujeta al pecho, con dignidad y llaneza por ser tan olivarera, porque el jiennense es sencillo y apacible, con todas las cargas históricas que guardan sus campos está orgulloso de sus costumbres añejas y su bendito olivar.


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