Sanidad pública

    06 may 2022 / 12:50 H.
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    Es fácil sumarse al coro de voceros que repiten eslóganes, que se dan la razón unos a otros y que desprecian a quien no puede dejar de ver al rey desnudo. Hay que reforzar la sanidad pública de calidad y eso no se consigue bajando los impuestos y haciendo que los recursos vayan a la sanidad privada. Si de algo debería haber servido la pandemia es para darnos cuenta de la importancia de tener un sistema de salud fuerte capaz de dar respuesta a crisis de esta envergadura. Parece que poco a poco vamos dejando atrás una pandemia que nos ha golpeado con una dureza sin precedentes, los mismos datos sobre el coronavirus parecen querer darnos una tregua, pero el rey no está vestido, ¿qué sucederá a partir de ahora, por ejemplo, con la carga de trabajo de dos años de atrasos en el resto de ámbitos sanitarios? Los recortes de plantilla impedirán afrontar el problema de las listas de espera agravado por el coronavirus. No tiene ningún sentido que se estén rescindiendo los contratos covid cuando siguen siendo necesarios. Aunque el traje del rey se nos presente una y otra vez con eslóganes, lo cierto es que esa tarea va a ser muy difícil, por no decir imposible, sin personal sanitario. No solo es necesario renovar todos los contratos, sino que es urgente un plan de recursos humanos que contemple un incremento de personal ante el déficit estructural en la sanidad pública. En Andalucía, por ejemplo, seguimos siendo el farolillo rojo con 4,3 enfermeras por cada mil habitantes frente a la media española de 5,4 o la europea de 8,8. Ni con las enfermeras contratadas hoy llegaríamos a la media española. Pero en lugar de tomar medidas y de reaccionar para reforzar la sanidad que tantas vidas ha salvado, decidimos hacer lo contrario y maltratamos con más precariedad laboral o simplemente despedimos a aquellos que lo han hecho posible. Todos colgábamos cartelitos dibujados y coloreados en casa con nuestros hijos con arcoiris de colores y con bonitos letreros donde decíamos que “todo va a salir bien”, pero al final los únicos que van a salir por la puerta de atrás con una patada en el culo son los profesionales de la sanidad. Todos deberíamos haber aprendido algo con esta pandemia mundial y, sobre todo, nuestros políticos. Ellos deberían haber tomado nota para no maltratar a la sanidad pública. Y nosotros deberíamos aprender de una vez a defenderla. El rey está desnudo, no tengan
    la menor duda, ¿qué van a hacer nuestros hospitales sin suficientes sanitarios? El que algunas autonomías no quieran renovar
    estos contratos es una noticia pésima que
    demuestra que el único interés que tienen
    es el de ahorrarse dinero a corto plazo en vez de priorizar la seguridad y salud de los pacientes y del conjunto de la ciudadanía. Los aplausos en los balcones no han pasado a ser un reconocimiento real de todo el esfuerzo realizado y, además, vuelven nuestros sanitarios a la precariedad anterior a la pandemia. Dieron la cara, se jugaron la vida, muchos la perdieron, expuestos al contagio, casi sin protección, y ahora los vamos a echar a la calle, ese es el lamentable traje con el que verdaderamente viste el rey.

    A aquellos que lo ven vestido y vuelven a repetir que no hay alternativas y que los recortes son imprescindibles les recordaré una fórmula para que estos recortes fueran más pequeños o ni siquiera existieran. La fórmula podría ser perseguir de verdad el fraude fiscal, algo que no se hace en serio. En España, entre el fraude y la elusión fiscal hablamos anualmente de entre 60.000 y 90.000 millones de euros. Según Gestha, Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, el fraude fiscal causa pérdidas anuales de 60.600 millones por impuestos evadidos y otros 31.000 millones por cuotas defraudadas a la Seguridad Social que insta a combatir creando un cuerpo superior técnico de Hacienda y aumentando la plantilla de la Agencia Tributaria (AEAT). Además, el Institut d’Estudis Econòmics publicó hace un mes y medio un estudio que decía que anualmente se malgastan 60.000 millones públicos con gasto absurdo, mal hecho y mal planificado. Habría que empezar por ahí.

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