La dimisión del ministro de Transportes pone en modo de reseteo a todos los partidos inmersos en la contienda electoral y obliga a replantear sus estrategias. Difícil lo va a tener el PP para seguir presentándose como el mejor gestor cuando, en este partido, nadie ha dimitido jamás tras una catástrofe. Esperemos que la dimisión de Óscar Puente sirva para que los partidos vuelvan a centrarse en ofertas programáticas capaces de afrontar los problemas reales de los ciudadanos: el control de los precios, el acceso a la vivienda, el mantenimiento de unos servicios públicos de calidad mediante mayores inversiones, la sostenibilidad de las pensiones, una cuestión que afecta a millones de españoles en una sociedad con una esperanza de vida cada vez mayor. Y, junto a estas, tantas otras cuestiones que condicionan nuestra vida cotidiana. No se puede desviar el debate de los asuntos verdaderamente importantes, como hace Vox cuando sostiene que el modelo de pensiones es irrelevante; lo único que importa, según su planteamiento, es que el Estado deje de invertir recursos en ellas y avance hacia su privatización. El propósito de condenar a los jubilados a la pobreza merece una contundente respuesta en las urnas.