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Recuperar el mercado y la vivienda

Ahí va mi recetilla de viejo jurista que compagina el derecho de los arrendadores y la aspiración ciudadana a una vivienda digna. El mercado de alquileres precisa de leyes claras, estables que aseguren y den certeza a la oferta, permita rentabilidad y agilice la solución de problemas, desahucios y ocupaciones. Este derecho constitucional no se garantiza a costa de los “caseros” —malos o buenos— sino facilitando la construcción, flexibilizando el suelo y —siempre— por la acción social del Estado creando un parque público de vivienda suficiente para atender las necesidades. El remedio no es nuevo, tuvo éxito desde mediados del siglo XX: pueblos y ciudades se llenaron de VPO, “casas baratas’” —¿recuerdan el yugo y las flechas en la puerta?— que creaban empleo “en la obra” y absorbía el excedente del campo. El problema llegó con la crisis financiera de 2008, las ‘subprime’ dieron al traste con el negocio del ladrillo y faltaron casas; el crecimiento de la población y el paro juvenil hicieron el resto; hoy anhelan leyes protectoras, desechadas por los socialistas de fin de siglo para abrir el mercado, pero ni el Estado gasta en vivienda ni favorece la construcción privada. “Sic transit”.