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Recuerdos indelebles

A lo largo de la vida de cada persona se producen hechos singulares que dejan una marca especial. Pueden ser momentos de gloria o momentos de fracaso, momentos jocosos o momentos de dolor, e incluso pueden ser un conjunto de sensaciones que cambian de significado emocional, con el paso de los años. Esos recuerdos indelebles, de vez en cuando aparecen de manera consciente y en otras ocasiones sin que sea posible controlar el cómo, el cuándo o el porqué. Uno de estos hechos irrepetibles para mí, por el momento, aconteció el día de la onomástica de Santa Teresa del Niño Jesús, que es la fecha anual del Premio Planeta. Allá por el otoño de 1993 tuve el placer de asistir como invitado, acompañado por mí esposa, a la cena de gala que se celebró en el Hotel Princesa Sofía de Barcelona en la que se concedió el Premio Planeta de ese año, por la sencilla razón de que una de las novelas finalistas que optaban al premio era obra mía y Editorial Planeta tuvo el detalle de invitarme. Aquella noche inolvidable en la que luciendo un vestido rojo y su impecable cabellera cobriza, como un trasunto de la despampanante Rita Hayword, la señora Carmen Alborch, a la sazón ministra de Cultura del Gobierno de Felipe González, presidió la mesa principal y participó en la entrega del más codiciado galardón de las letras españolas. Fue una ocasión ideal para disfrutar de un ambiente social distinguido, sofisticado y por demás heterogéneo en el que conspicuos representantes del poder político, el negocio editorial, la alta sociedad, los escritores consagrados y aspirantes, los críticos literarios representantes de la fauna literaria y los medios de información interaccionaban entre sí en los corrillos previos al comienzo del acto, se exhibían compartiendo charlas, sonrisas y poses para la galería más o menos ensayadas hasta que comienza la cena.

La perfecta organización de teatrillo ritual de selección final del ganador del premio mantienen el interés informativo hasta el último momento en que después de varias votaciones que el jurado realiza a lo largo de la velada, se abre la plica final y se desvela el misterio mejor guardado del certamen, que es el nombre de la novela elegida como ganadora y la identidad de su autor, que siempre suele estar presente entre los invitados. Como escritor anónimo e incipiente disfruté de la magia de ese ritual de descartes en el que pronto fui eliminado junto con otros aspirantes más o menos conocidos, que también los había y podría citar describiendo su disimulado gesto de desencanto. La realidad que recuerdo es que, como persona amante de la literatura, toda esa parafernalia y gloria ajena me deslumbró, me abrió los ojos sobre la realidad que subyace en los premios literarios y como resumen he de decir que después de toda la comparsa compartida y vivida en esa ocasión, me sentí muy halagado por haber podido disfrutar de esa experiencia inolvidable con el ganador e incluso con el segundo clasificado en la 42 edición del premio más codiciado de las letras en lengua española.

La novela premiada fue “Lituma en los Andes” y su autor Mario Vargas Llosa, quedando clasificado en segundo lugar Fernando Sabater con su obra “El jardín de las dudas”. Como lector aficionado a la narrativa he leído con gran deleite e incluso devoción muchas de las obras de Vargas Llosa y de ellas tengo que destacar “Conversación en la Catedral” y “Pantaleón y las visitadoras”, mucho más valiosas desde un punto de vista literario que la galardonada “Lituma en los Andes” que es una novela con la que el autor inicia su ocaso literario, que sólo vuelve a brillar después con otra obra maestra como es “La fiesta del chivo”. En fin, sin temor a equivocarnos demasiado podríamos decir sobre Lituma algo así como ¿ahí te jodiste Zavalita... o quizás Mario? De “El jardín de las dudas” sólo hay que decir que es un erudito pastiche de citas textuales de Voltaire de dudoso interés narrativo. Se ha cumplido el 75 aniversario de este premio que sigo con interés y la ganadora de este año ha sido Isabel allende con la novela “La hora antes del Alba”. Durante la entrega del premio la autora ha desvelado que es una secuela de su primera novela de estilo realista “La casa de los espíritus”. Habrá que leerla.