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Qué quieres decirme hoy

Me interrogaba, de esta manera, la blancura inquietante de un folio en blanco, cuando el verano acababa de despertar. Aún la brisa de ligeros acordes acariciaba el tul de las cortinas, permitiendo poder percibir al céfiro sin que el calor abrumara la estancia. Mas yo pensé que era él quién debía decirme algo. Siempre así, callado, sin contarme nada, esperando que el teclado estampara palabras, signos y emociones. Entonces le lancé a él la misma pregunta, y esperé, esperé y esperé largo rato. Era evidente que no quería soltar palabra. Pero notaba cómo en su interior se moría por comunicarse conmigo. Así que le prepuse un trato, él me dictaría aquello que vibraba en su interior y yo lo escribiría sobre su nívea piel. Por lo que me fue recitando sus sentimientos y deseos ocultos, que aquel DIN A 4 presidía en la bandeja de mi impresora. Cuando él lo decidiera. Mientras permanecía a la espera, se me ocurrió decirle que a mí todos los folios me parecen iguales, él, se ofendió en seguida, no puede ser, me decía, porque cada uno de nosotros encierra una historia, un asunto o una imagen, no, no todos somos iguales. Después de aceptar toda aquella perorata de ideas que culminaban en lo mismo, le insté, de nuevo, ¿qué quieres decirme hoy? Él no se conmovió, pero yo sabía que lo que realmente le gustaba era el poder dominar la situación, así que volví a aguardar mientras notaba cómo se jactaba del momento, pero como en el fondo era un sentimental, decidió comenzar a deleitarme con sus frases llenas de poesía. Y me habló del mar un atardecer de cielos anaranjados, y del sol cuando despierta y va tendiendo sus colores sobre el blanco horizonte. Y del sonido de las golondrinas cuando en sus conciertos matinales obligan a las estrellas a dormitar sobre el cielo, antes que la aurora halle el camino y pueda perseguirlas. Soñaba con pertenecer a un libro de poemas, allí, en la primera página mostrando la letra capital con sus bellas formas. No era nada presuntuoso, qué va. Y así fue cómo la pregunta voló hacia él, otro día veréis como sus palabras van enlazando ideas, sueños, y poesía. Queridos lectores, tened paciencia y esperad... ¿Qué quieres decirme hoy?