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sábado, 20 julio 2019
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Juan Infante

¿Qué nos hace más felices?

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Nos pasamos toda la vida esperando que en el futuro ocurra algo que nos haga alcanzar la felicidad. Sin embargo, hay estudios que demuestran que sólo el diez por ciento de la felicidad depende de circunstancias externas. ¿Qué nos hace más felices? ¿Tener más dinero? ¿Vivir en pareja? ¿Tener amigos? Daniel López Rosetti, en su libro “Emoción y sentimientos”, nos da algunas repuestas. El dinero nos hace felices, pero hasta cierto punto. Una vez que alcanzamos el umbral que nos permite hacer frente a nuestras necesidades básicas, no aumenta nuestra felicidad —por cierto, el dinero que gastamos en experiencias nos hace más felices que el invertido en bienes personales—. La vida en pareja, si es experimentada como positiva, promueve el bienestar y la felicidad. La soledad no deseada es una condición negativa. Invertir en relaciones humanas positivas es una buena inversión, las buenas relaciones con la familia y los amigos repercuten en nuestro bienestar. ¿Y la edad, repercute en que seamos más felices? La curva de la felicidad, denominada así por su similitud con una “U”, es un modelo que considera que la felicidad varía a lo largo de la vida. La primera fase del bienestar se percibe alrededor de los veinte años, en la parte alta de la “U”, cuando se presenta un futuro lleno de proyectos, sueños y desafíos. Va pasando el tiempo, y cuando llegamos a las décadas de los cuarenta o cincuenta, que correspondería a la parte baja de la “U”, aparecen algunas crisis, se analizan los objetivos conseguidos, apreciando a veces, con decepción, la diferencia entre las expectativas que teníamos y las realidades alcanzadas. Superados los cincuenta, se inicia un nuevo recorrido ascendente, en el que comenzamos a valorar situaciones a las que antes no les dábamos valor. En las décadas siguientes, nos fijamos en otros factores como la salud, la familia, los amigos y el aprovechamiento del tiempo. En esta etapa ya no evaluamos lo que vamos a conseguir, sino que valoramos lo que realmente tenemos. Es esta etapa en la que cuentan más las experiencias vividas que el hecho de tener bienes materiales.