El otro día fue el Día del Libro y, entre casetas, escuché lo de que leer es el último refugio frente a la “dictadura de las pantallas” y que “la IA es el verdugo de la creatividad”. Parece que abrir una novela en 2026 es un acto de ludismo, una resistencia romántica contra un progreso que nos deshumaniza. No estoy de acuerdo. Hemos caído en la trampa del “Pantalla versys papel”. Esa no es la verdadera batalla, sino la educación en el buen uso de ambos ecosistemas. El problema no es el soporte, sino el cómo, cuándo, porqué y para qué lo utilizamos. ¿Acaso no hubo libros que causaron cadenas de suicidios, como el Werther, o sustentaron dictaduras? El papel no garantiza la bondad, ni necesitamos demonizar el algoritmo para salvar la literatura. De hecho, un buen uso de la tecnología lleva a liberarnos de tareas y despejar la agenda; con la IA podemos obtener recomendaciones de lecturas personalizadas; con las RR SS podemos incluso interactuar con los autores... El progreso, bien usado, nos regala lo más valioso: tiempo de calidad. Y si lo piensas, da igual si estás leyendo esta columna en el papel del Diario JAÉN o en su edición digital, ambas opciones han logrado detenerte y hacerte pensar. Ese es el triunfo: lee, como quieras, pero lee.