Hace unos meses, tras el accidente ferroviario de Adamuz, les hablaba de la falta de un buen mantenimiento de las vías por donde circulan nuestros trenes y del envejecimiento u obsolescencia de los sistemas de seguridad que automáticamente reducen la velocidad cuando existe algún incidente en cualquier trayecto o vía. En todo esto tenía en cuenta además que en los últimos años ha aumentado en un 43% el volumen de trenes en servicio tras la incorporación de nuevas empresas de capital privado que utilizan en su beneficio las mismas vías y obra pública, pero que no gastan un euro en mantenimiento, ni en sistema de seguridad alguno. Porque cuando una empresa privada entra a gestionar los recursos y servicios públicos pagados con nuestros impuestos, solo piensa en ir multiplicando día a día sus beneficios, sacrificando para ese fin la calidad del servicio, la dignidad del usuario y el salario de sus trabajadores. Si en Adamuz fueron el deterioro de las propias vías las que pudieron ocasionar aquel trágico accidente, en el del martes pasado en Urda parece ser que además ha habido un gravísimo error por parte de un operario con consecuencias aún más terribles y dolorosas.