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Primera lección en la mochila

Mamá, ¿y por qué no compramos la mochila del Real Madrid y el estuche del Barcelona?”. Primer dilema de la vuelta al cole para Esther. Trató de razonarle esa incompatibilidad normalizada en el mundo adulto, aun sin tener en casa vínculos con ninguna de las dos ciudades. En realidad, las alarmas de su instinto maternal iban más allá de lo deportivo: buscaban proteger a Manuel del señalamiento por una elección que tildamos de infantil o inocente, pero que ningún argumento desmonta. Tú, que me lees, ¿qué habrías hecho?. Esta anécdota real es el reflejo de nuestra sociedad (mal llamada “adulta”). Primero les inoculamos la absurda necesidad de elegir excluyendo, a ser posible con un visceral rechazo al opuesto, y, finalmente, el miedo a destacar y ser estigmatizados. Arruinamos su inocencia, en lugar de aprender de ellos a sumar lo bueno sin prejuicios. Esta actitud salta del deporte a la vida pública: rechazamos ideas de puro sentido común solo por su origen, priorizando el dogmatismo sobre el bien común. Primera lección del año para nuestra mochila: construyamos puentes, elogiemos el buen juego, venga de donde venga, y evitemos que nuestros prejuicios empañen la mirada limpia con la que los niños contemplan el mundo.