Pronósticos electorales

30 jul 2023 / 08:57 H.
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Desconozco si la mayoría de autores o gestores de encuestas preelectorales han sido objeto de algún hechizo, de manera que persona, cosa o situación les haya dejado embelesados y sus potencias y sentidos arrebatados. En ocasiones, así lo parece por el desacierto conseguido. El claro precedente de tanto pronóstico fallido, acaso se encuentre en el templo de Delfos, en el que el Dios Apolo había residenciado su famoso Oráculo que hacia explícito mediante un famoso personaje “Pitias” que era el colmo de la ambigüedad, capaz de predecir, al mismo tiempo, la victoria de un ejército y su derrota o que una y otra fueran inverosímiles por la acción de un tercero de dubitativo criterio. Es cierto que los tan denostados gestores de encuestas y pronósticos preelectorales; no fundamentan sus pesquisas en el examen de las entrañas de un pájaro, sino en proyecciones científicas, en evaluaciones del sentido del voto de los ciudadanos a los que encuestan, en los aciertos o tonterías de los líderes (figuradamente, se les abre en canal, como hiciera Pitias, examinando las entrañas de un animal). Y todo ello, en la inmensa mayoría de los casos, con un resultado: incertidumbre, ambigüedad... Pero no se trata de lo cerca o distante de la objetividad de resultados que las empresas encuestadoras ubiquen sus pronósticos, sino en el efecto perverso en muchas de ellas por cuanto las mismas no son instrumentos para detectar las oscilaciones del electorado y sus valores imperantes, sino estrategias para influir en el voto del adversario incentivándolo o desincentivándolo. ¿Qué explicación existe para que en lo diecisiete días de julio de este año, se hayan realizado más de cien encuestas, en las que subliminarmente se establecía el triunfo aplastante de la derecha? Resulta evidente el intento de desmovilizar a la izquierda, pero sería simplista residenciar en tal circunstancia el doloroso triunfo de la derecha, en estas elecciones, o si se quiere, recordando a Felipe González, el dulce descalabro electoral de la izquierda. Han sucedido otros acontecimientos que, a mi juicio, han determinado no sólo el sentido de la pasada contienda electoral sino la imposibilidad moral del arreglo que postula el PP. Por examinar algunos de los citados acontecimientos: Subrayar la audacia de Pedro Sánchez, al convocar, horas después de conocido el desastre de las autonómicas y locales, elecciones generales. Al secretario General del PSOE se le pueden atribuir yerros, contradicciones, incumplimientos de promesas realizadas, etcetéra. Nunca esa capacidad audaz, en las decisiones políticas, ese sentido de la anticipación de las maniobras propias y en las de los demás, esa contumacia y constancia en la consecución de sus deseos, en política. Creo que pasará a los manuales de politología, como en quince días, pudo resucitarse a un Lázaro político y muerto. Otros acontecimientos o actitudes de la derecha revelan una incompasible falta de precipitación. Sin incurrir, en el genial “camaleón esperando a conocer los resultados electorales para elegir color”, (El roto, el país 23 de julio de 2023), el PP pudo dilatar el sentido de sus pactos con Vox, el cual inmediatamente explicitó alguna de sus exigencias y comenzó el vértigo. A ello se añadía la compaña inmisericorde sobre el “Sanchismo”, emprendidas por el PP y que hacía imposible posteriores acuerdos. La influencia ultra sobre la derecha tradicional española no es cuestión exclusiva, de naturaleza nacional sino que tiene gran incidencia en los equilibrios europeos. Habrá que esperar a que la izquierda no se avenga a pactar lo absolutamente rechazable. Muy posible que nos veamos concernidos por nuevas elecciones. Que Dios reparta suertes.


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