Política, en arameo

    07 jun 2020 / 10:08 H.
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    En las semanas precedentes, en España se ha escrito o se ha hablado, como en arameo, de derechas a izquierdas. Sucede periódicamente. No sé si para que resulte menos inteligibles o para que resulte completamente desconcertante. Ocurre, a veces, cuando toca escribir de izquierdas a derechas, pero menos. ¿Quién duda ahora que el griterío partidista es para “ellos” y no para “nosotros?. Las descalificaciones de uno y de otro lado provienen de quienes tienen la responsabilidad, desde el poder o la oposición, de acertar sobre los retos sanitarios que se ofrecen a la gestión pública. O al menos aproximarse a ella, en la aplicación de las prioridades. Expresiones como asesinos, fascistas, usurpadores, golpistas, no han salido de un informe de virólogos, sino del mismo parlamento. Parece como si el vuelo de las mariposas que revolotean en la costa occidental de EEUU se hubiese adentrado en la Península, en los términos de los discursos de aquel megalómano líder que, frente a la tragedia de los más desprotegidos, concentra toda su inteligencia en la entrepierna. Y se trae a colación expresiones como la de “mano dura”, “basura progresista” o “ejercito a la calle” no solo por las pulsiones racistas de allí, que también, ni por la brutalidad policial casi institucionalizada, que también, sino por el bochorno que producen las acometidas verbales inadmisibles de parte de la clase política española, las gravísimas imputaciones que se hacen recíprocamente, atribuyendo al gobierno la aplicación de una eutanasia encubierta. Lo que subleva es la distracción política. Los datos más recientes sobre los fallecidos, en las residencias geriátricas de nuestro país son estremecedores. ¿Cómo puede ahora cuestionarse la legitimidad constitucional de un gobierno, acaso cabe mayor inoportunidad?. Y en la otra orilla, ¿cómo no puede quien ostenta todo el poder que habilita el estado de alarma impartir órdenes para que se contabilicen los muertos y contagiados, día a día, en aras de la exigible transparencia?. Reitero que se trata de una distracción política intolerable y culposa. Y ello con independencia de que, en su día, se diriman las posibles responsabilidades penales, con ocasión de los datos escalofriantes de fallecidos en geriátricos, publicados en la prensa esta misma semana. Por cierto, las competencias en sanidad se encuentran transferidas a las comunidades autónomas. Veremos.

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