La derecha andaluza habla de libertad de elección, pero sus hechos dibujan un mapa sombrío: recortes, aulas masificadas y una apuesta feroz por la privatización del saber. Desde que gobierna el PP, se han suprimido 3.528 aulas públicas en una década, según el BOJA, mientras blindaban los conciertos privados con más de 1.100 millones de euros anuales. El resultado es que Andalucía es, tras Madrid, la comunidad con la mayor ratio de alumnos por profesor y una de las que menos invierte por estudiante: 7.365 euros frente a los 7.943 de la media nacional. Moreno Bonilla tumbó la iniciativa popular para reducir las aulas. En universidades, la Ley Lupa —aprobada contra todos los rectores públicos— abre la puerta a seis nuevas privadas y ahoga la financiación pública que ya adeuda en 50 millones. Y en educación especial, más de 200 niños se han quedado sin maestro de apoyo por un convenio caducado, mientras las familias denuncian la muerte de la inclusión. ¿Qué quiere la derecha de Andalucía? Exactamente eso: un pueblo pobre, ignorante y resignado para gobernarlo sin resistencia. Por eso, miles de personas vuelven a salir a la calle. No están de acuerdo. ¡Ay Andalucía!