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PISA y la amnesia social

No pretendo hacer un soliloquio sobre el informe Pisa porque se requiere de una visión conjunta de expertos en las diferentes materias que evalúa, así como las metodologías empleadas en la realización del informe. Hablar del informe desde los datos porcentuales que esgrimen los medios de comunicación es un error, dado que los resultados son una consecuencia de múltiples factores internos y externos. Reducir todo a una cifra impide ver la complejidad de una cuestión multifactorial como es la educación. Por otra parte, es cierto que los resultados con respecto al anterior informe de 2022 registran un descenso generalizado por lo que habrá que preguntarse qué fue lo que se hizo después. Nada. Las instituciones con responsabilidades sufren de una amnesia profunda y la propia sociedad también. Lo volveremos a hacer en el año 2029. Pero esa amnesia institucional y social nos tiene que hacer reflexionar sobre las prácticas educativas en nuestro país que dependen, en gran medida, del significado y de la valoración que tengamos de una serie de dimensiones esenciales como el individuo, la sociedad, la cultura y de cómo se relacionan entre sí. En este sentido, la educación en general, y los centros educativos como instituciones en particular, han sufrido diversos avatares debido a las condiciones cambiantes que experimenta el mundo y que obedecen a factores como el desarrollo de los medios de comunicación y la amplia gama de información que ofrecen, a la ruptura de los patrones de organización familiar y comunitaria tradicionales y a la transformación de los procesos de socialización de niños y jóvenes de ambos sexos en el espacio escolar y en las extensiones de un espacio urbano mucho más accesible y atractivo. En la actualidad existe un conjunto significativo de investigaciones que indican con claridad que la capacidad de influencia de las instituciones educativas formales en el proceso educativo se ha debilitado de manera ostensible. En el campo del conocimiento la situación no es diferente, pues al lado de lo que dicen el profesorado o el texto escolar está la enorme cantidad de información de la cual disponen los jóvenes. Esto varía considerablemente de país a país, y, especialmente, de sector urbano a sector rural, pues la disponibilidad de información muestra una diferencia abismal en uno u otro contexto. Eso produce una asincronía muy notoria entre la enseñanza formal guiada por los currículums, que se distribuye en el ámbito de las instituciones educativas mediante pedagogías todavía muy tradicionales, y el aprendizaje informal cotidiano que se realiza a través de los dispositivos tecnológicos y en el continuo intercambio de ideas con compañeros en espacios públicos donde no existen evaluaciones, respuestas correctas u homogeneización de intereses. Sería fácil trabajar en todo nuestro sistema aquellos criterios que se demandan, es decir, si tenemos malos resultados en comprensión lectora deberíamos mejorar las estrategias en todos los ciclos del sistema y no solo en los iniciales. No debemos alimentar el pesimismo, pero si solo miramos el sistema educativo para corregirlo interiormente (programas, ratio, recursos, formación del profesorado...), que es necesario, no podremos cambiar sus resultados porque para conseguirlo tenemos que mejorar también como sociedad para evitar que los resultados sean olvidados unos meses después del estudio en un auténtico ejercicio de amnesia de toda la sociedad en su conjunto.