Desde hace años hemos observado cómo la pirámide poblacional se ha invertido debido al envejecimiento de la población y la escasa natalidad. Se podría pensar que los jóvenes ya no quieren tener hijos porque prefieren alargar su juventud o porque, directamente, ya no quieren comprometerse, pero nada más lejos de la verdad. Los jóvenes no quieren pagar un alquiler, quieren poder permitirse pagar la entrada de un piso; no quieren tener hijos a los cuarenta años, es solo que si el sueldo se acaba el día veinte no parece lógico traer a alguien más a este mundo. La gente no sustituye el amor de un niño por el de un perro, solo quiere dar el amor que pueda permitirse; no se puede cruzar un puente que no existe. La responsabilización que provoca el capitalismo es hacer creer que la persona subordinada es la responsable de su pobreza y precariedad, ocultando las fallas estructurales del sistema. Cuando hablemos de natalidad pensemos en el despido por enfermedad, en los fondos de inversión acumuladores de vivienda y a la ausencia de una educación que nos haga pensar, que nos haga no solo querer tener hijos sino traerlos a un lugar mejor.