Jean Baptiste Van Helmont plantó un sauce en una maceta y comprobó, tras cinco años, que la planta había aumentado su peso en 70 kilogramos, mientras que el de la tierra había disminuido en 100 gramos. Dedujo que la planta se alimentaba de agua. Se equivocó, pero su experimento demostró que las plantas fijan el CO2. Además, producen oxígeno, cuidan el suelo, regulan la temperatura, protegen el ciclo del agua... Pretendemos luchar contra el cambio climático y olvidamos que nuestros mejores aliados son los árboles y los incendios forestales nuestro peor enemigo (1 Ha quemada libera 20 Tm de dióxido). Estos fuegos dependen de la orografía, del clima y de la cantidad de combustible. Sólo podemos actuar sobre esta. Sí, eduquemos en el cuidado de la flora; pero acudamos a la antigua experiencia en busca de soluciones: aumentando el ancho de los cortafuegos, controlando pastos y matorral con pastoreo de cabras, y, sobre todo, sustituyendo pinos y eucaliptos, plantas pirofitas, propensas al fuego, por árboles autóctonos y resistentes a las llamas como el alcornoque...