Pepe Olivares

    29 mar 2026 / 09:41 H.
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    Hay quienes piensan que morir no es más que la consecuencia lógica de haber nacido, cosa con la que yo personalmente no estoy de acuerdo en absoluto. Pienso más bien que es consecuencia de vivir plenamente sin miedos ni murallas que nos frenen. De vivir con ganas de saber de todo y aprender de todos, y enseñar lo que se sabe, y ayudar al que lo necesita. Si tenemos esas cualidades, nos sobraran las ganas de vivir. Así le ocurría a nuestro amigo, casi familia, Pepe Olivares. Gustoso de hablar de todo sin eludir ningún asunto por espinoso que fuera, con educación exquisita y también con el genio necesario cuando tocaba. Se ha ido y pronto nos iremos los demás porque esto funciona así. Lo cierto es que a los que nos quedamos nos produce tristeza y echaremos de menos su presencia y saber estar, pero no es menos cierto que los hay, dentro de su tristeza, los que acuden a los entierros a cerciorarse de que no es el suyo propio. Normal porque la muerte nunca viene sola y la marcha de Pepe nos obliga a reflexionar si nos esforzamos por vivir tanto como él lo hacía. Una gran lección la suya que nos debe obligar a apretar el acelerador para que nada se nos quede en el camino. Allá por el año 1971, en Villacarrillo, mi padre le hizo el encargo de vigilar mis desvaríos adolescentes, cosa que cumplió con sabios consejos como aquel que me dio cierto día que me vio tristón: vive y no pierdas el tiempo.

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