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Pensiones

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar, nos dice la sabiduría popular. Y nos enseña que lo que les sucede a otros nos puede pasar a nosotros, por lo que no debemos ignorar las señales. Lo que propone una vez más la derecha extrema y la extrema derecha sobre la capitalización de las pensiones en España agravaría el problema y fracasaría como ya ha fracasado en otros países. Según la Organización Internacional del trabajo treinta países privatizaron las pensiones entre los años 1981 y 2014. En el año 2018, dieciocho de estos países tuvieron que revertir la reforma, entre ellos Argentina, Hungría, Polonia y Bolivia. Incluso Chile, ese vecino al que vimos cortar sus barbas cruelmente, ha tenido que introducir en el año 2025 una cotización empresarial y un seguro social de carácter solidario. Es curioso el ejemplo de Chile. La dictadura militar de Pinochet y los arquitectos de su nuevo sistema de pensiones sabían muy bien cuál de los dos sistemas era mejor y por eso conservaron el viejo sistema público de pensiones para los militares y para los policías. Mientras, imponían a la población en 1980 la capitalización individual de las pensiones a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones. No hablamos de teorías o ideas, hablamos de hechos, y hablamos de lo ocurrido en este país donde las barbas de las pensiones se cortaron y después de unas cuantas décadas se confirma el desastre. Así que no está de más poner las nuestras en remojo mirando a este país y a otros cuantos que tomaron el camino que ahora propone nuestra derecha ultra y nuestra ultraderecha. En estos dos últimos años las siete AFP, que controlan activos por unos 229.000 millones de dólares y son la única fuente de ahorro para la jubilación de la mayoría de los chilenos, se lanzaron a comprar productos financieros que les darían beneficios si los tipos de interés estadounidenses seguían bajando. Pero ocurrió lo contrario y han registrado pérdidas que rondan los 7.700 millones de dólares. El golpe más duro lo recibió el fondo más conservador, el que se recomienda a quienes están a punto de jubilarse, y lo que perdieron no se evaporó: lo ganaron bancos como Société Générale, Bank of America o BNP Paribas. Los responsables del desastre han propuesto como remedio que quienes estén a punto de jubilarse aplacen su jubilación hasta que el mercado se recupere.

Lo que está claro y lo que los datos nos dicen, precisamente lo que las derechas no nos cuentan, es que traspasar al sector financiero la gestión de la enorme masa de ahorro y dinero que suponen las pensiones públicas es un negocio de dimensiones enormes. Y, que no nos engañen, ese es el motivo por el que nuestras derechas defienden que se pase a un sistema de pensiones privado que tiene muchos más defectos objetivos, peligros financieros e inconvenientes que el sistema público que tenemos actualmente. Y la pregunta que debemos plantearnos no es más que una cuestión ideológica, ¿quién va a asumir el coste, o el conjunto de la sociedad con un sistema fiscal más justo y un sistema de pensiones basado en la solidaridad o los pensionistas viendo sus pensiones más bajas y con sus pensiones expuestas al mercado? Ese es el debate real.

Nuestras derechas en su competición electoral están de acuerdo en gritar a los cuatro vientos mentiras como la de que el sistema ha colapsado. Lo cierto es que el sistema se puede fortalecer y hay alternativas sin acudir a la congelación de las pensiones, sin recortes y sin poner en riesgo nuestra economía. Aquí se plantean dos modelos, uno el de reparto y otro el de capitalización. Y, a pesar de lo que digan nuestras derechas al enarbolar la bandera del colapso del sistema actual, pagar las pensiones es una decisión de distribución, no un problema de aritmética. Cambiar un modelo por otro va a generar pobreza al final de sus vidas a esa gran mayoría de personas que no tienen capacidad para ahorrar. PP y Vox piensan que hay un caladero de votos entre los jóvenes y creen que alimentando este conflicto entre generaciones van a sacar un rédito electoral.