Paraísos sindicales

    06 ene 2022 / 17:03 H.
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    Hoy me he levantado y he visto tres regalos junto a mis zapatos. Espero que sean los que pedí en mi carta a los Reyes Magos: apaciguar el tiempo, que mis pensamientos rompan la barrera del sonido y un planeta sin paraísos sindicales. Este último ya lo quise tras la cuarentena, pues muchos países aprovecharon la pandemia para competir con China. En el estado de Uttar Pradesh de India, con 200 millones de habitantes, el gobierno suspendió por tres años todas las leyes laborales excepto las que prohibían la esclavitud o el trabajo infantil y las que obligaban al empleador a pagar a sus obreros. Pero este deseo lo vengo codiciando desde 2009, cuando los trabajadores de Suzuki Santana en Linares alertaban de que sus derechos laborales se ahogaban por la implantación del modelo japonés del trabajo y del plan de viabilidad de la compañía que en realidad era un plan de huida hacia un paraíso sindical. Parece que no he sido buena porque al mover la caja suena como a límites de la temporalidad y la precariedad. Puede que me hayan traído una razonable reforma laboral. Mientras rompo el papel, rezo para que las leyes del capitalismo sean anuladas en beneficio de los deseos de esta solicitante.



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