Cuéntame cosas sobre la guerra, abuelo”, y éste, cargado de historia, entre el canto de los pájaros y el verde de las plantas, añade: “Pregunta, yo contesto”. En una preciosa charla, el abuelo va narrando cómo los desastres asolaron España durante la guerra civil y la posguerra: “Hubo muchas desgracias, se acabaron muchas libertades. Se hizo un silencio absoluto y sólo había miedo, miedo a todo. Nadie se atrevía a hablar, todos callaban y se escondían. Se levantaban para trabajar de sol a sol y, al regreso, otra vez el silencio. Y mucha, mucha hambre. Mis padres y mis abuelos tenían que comer cáscaras de naranjas y patatas o cualquier hierba silvestre. Mi padre, después de la guerra, se libró de la muerte pero no pudo volver a su pueblo bien pasado el tiempo. A partir de ahí, llegó la democracia, fuimos libres, pudimos hablar con total libertad. Intentamos organizarnos, se crearon los partidos políticos y se empezó a funcionar como un país libre y democrático”. Marcos presentó su trabajo de Historia pero lo que no podía imaginar es que su abuelo Leocadio nos dejara este entrañable recuerdo unos días antes de despedirse de una vida de amor para la libertad.