No es una noticia que desconozcamos ni, desde luego, un motivo para regocijarse. La provincia continúa perdiendo población, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), que, además, dibuja un panorama algo desolador para los próximos quince años, con una previsión de pérdida de hasta 48.000 habitantes. Nuestros jóvenes, sobradamente preparados, no logran encontrar un entorno laboral que les ofrezca estabilidad, seguridad y, por qué no, tranquilidad. Para afianzar la población en nuestros pueblos resulta necesario contar con una red de carreteras de máxima calidad. Del mismo modo, es evidente que no podemos presumir de disponer de unas buenas comunicaciones ferroviarias. El aislamiento y la ausencia de una fortísima inversión en el ferrocarril para este mar de olivos acentúan el abandono del medio rural. La Jaén vaciada precisa de políticas que incentiven a la juventud a seguir viviendo aquí. Para muchos núcleos de población, una magnífica oportunidad pasa por ofrecer su territorio como un destino idóneo para el teletrabajo. Tampoco podemos olvidar la falta de relevo generacional para el olivar jiennense.