Ortografía que duele

25 ago 2019 / 11:15 H.

Qué está pasando con la ortografía? ¿Es ya una “ciencia” muerta? ¿Quedan todavía individuos que la cuidan, ensalzan y promocionan? Se diría que no. Las redes han extendido un manto de impune despreocupación, o de salvaje olvido, sobre esas reglas que marcaron nuestro aprendizaje en tiempos jurásicos. Abundan “webs”, grupos y “blogs” en los que prima el fondo y se obvia la forma. Nosotros, se dice, estamos aquí para hablar de tal o cual tema y no para dilucidar cómo hay que escribir. Y asumen que, en efecto, nada de importante tiene usar la “b” o la “v”, la “g” o la “j” y, claro, despeñar a la “h” por el acantilado del desprecio. Si por ventura osas indicar, con la mayor de las exquisiteces y usando un lenguaje pausado, pulcro y comprensivo, que hay algún error ortográfico en un texto corres el peligro de ser prácticamente insultado por no “comprender” el distinto grado de formación de las personas e incluso intentar “burlarte” de su escaso nivel. Enseguida se apela a la carencia de estudio a causa de la economía familiar cuando se trata de personas de cierta edad, lo que no deja de tener sentido. El problema se presenta cuando esas personas se quedan ahí y no aprovechan para intentar sobreponerse a lo que no pudieron alcanzar en su momento e ir avanzando poco a poco en cuanto a mejorar su forma de expresión no solo ortográfica. Intentar corregir un fallo ortográfico se ve casi siempre como una forma de exclusión, de ofensa, cuando es precisamente lo contrario. Nunca falta quien echa mano de frases y citas más o menos cogidas con alfileres como la muy conocida que afirma que “El hombre más sabio que conocí no sabía leer ni escribir”. Otra vez se escora peligrosamente el razonamiento olvidando que todos somos susceptibles de mejorar y de ir añadiendo —y subiendo— peldaños en nuestras capacidades y bagaje, tengamos la edad que tengamos. ¿No es acaso la lengua escrita un medio excelente de comunicación? ¿No deberíamos esforzarnos en mantener un nivel en ascenso incorporando todo aquello que se nos va ofreciendo? Institutos y universidades, por otro lado, se quejan a menudo del poco nivel ortográfico —y de expresión— de los alumnos hasta el punto de haber instaurado en algunas de ellas un sistema de pérdida de puntos en la calificación según las faltas ortográficas cometidas. De nuevo, claro está, se han levantado voces en contra. Hay que demostrar lo que se sabe y eso no necesariamente lleva implícito escribirlo bien, argumentan. ¿Seguro? Me asaltan copiosas dudas al respecto. Debemos cuidar nuestra lengua escrita ya que con ella nos presentamos a los demás. Hay ortografías que “duelen”. Unas a la vista. Otras a la neurona vigilante. ¿Nos lo podemos permitir?.