Powered by
HACEMOS GLOBAL LO LOCAL

Opinar es gratis

La característica que define a seres humanos, sin duda alguna es su capacidad para generar significado complejo. La evolución nos ha permitido, frente a otros seres vivos, desarrollar la capacidad para usar objetos, palabras, acciones que representan ideas que simbolizan significados que no están presentes o no existen físicamente. Describimos nuestra realidad, nuestro contexto personal atribuyéndole un significado simbólico complejo. Este depende de las emociones, la historia, el contexto social y sobre todo el acuerdo cultural. Interpretamos, construimos el sentido de las cosas que vemos o experimentamos y negociamos su significado; para finalmente transmitirlo a otras personas.

La palabra da forma al discurso con el que interpretamos la realidad. Pero en una sociedad compleja no basta con hablar: comprender exige datos, reflexión y contraste. Solo procesando información significativa desde nuestro contexto e identidad podemos acercarnos, con reserva, a la realidad siempre cambiante. Así ocurre con la palabra libertad. Concepto cargado de historia, de conquistas, vinculada a valores y continuo debate; siempre expuesta a una resignificación interesada para definir intereses ajenos a la realidad colectiva de toda persona, al margen del consenso cultural, manipulando el discurso y la palabra. ¿Es la libertad una ilusión? Se pregunta Zizek. Responde: “Aunque vivimos en una era de elecciones supuestamente libres, suelen ser decisiones vanas, como elegir entre una Pepsi o una Coca-Cola. Cuando se trata de elecciones sociales fundamentales, no existe ninguna opción.” ¿Por qué? Porque no somos conscientes de la naturaleza real de la emoción. Nos repiten como “la tabla de multiplicar” que eres culpable por no dar tu mejor versión, porque eres vaga. Como si dependiese exclusivamente de ti. De la verdadera historia, del contexto social real en el que vivimos; y de que significa el acuerdo cultural. Se trata de una ignorancia inducida socialmente haciéndonos ver que el poder y control personal esta en la libertad de consumo, de bienes o ideas, de estar en lo último y sin perderte nada.

El fin de tu calidad de vida es no ser un perdedor. Sigue sin crítica las voces mesiánicas que generan el discurso oficialista de sus intereses defendidos por los “influencers”. Se opina de forma instantánea. Si no expresas una opinión no eres nadie. Llevas dentro un juez, un árbitro, un seleccionador, un presidente, un diputado, un docente. Desprecio al conocimiento, no se requiere saber sino poder hablar. Así es como se hace dinero, debes aspirar al “Sálvame de luxe nacional”. La mediocracia en televisión, radio y redes. Te crees “saber” y como te escuchan tienes razón. Te da igual, ignorante sin fundamento ni conocimiento de la realidad. Si hemos sido marca internacional y modelo de consenso en la Democracia española ¿De dónde vienen realmente las invasiones bárbaras? Hemos importado el desprecio como dialogo, igual que cualquier franquicia de café americano. “El que sabe, calla; el que habla, no sabe”. filósofo Lao-Tse. La sabiduría consiste en usar el conocimiento con prudencia y reflexión. Hablar sin pensar o repetir lo que dicen los liderazgos, sin crítica ni contraste, revela más ignorancia e inseguridad que conocimiento. ¿Qué cara de la moneda elige: sabiduría o ignorancia? Piense.